martes, 3 de febrero de 2026

CARTA ABIERTA DEL SEÑOR CANALES AL SEÑOR MÉNDEZ PEREIRA

 



               CARTA ABIERTA DEL SEÑOR CANALES 

AL SEÑOR MÉNDEZ PEREIRA
(Artículo de 1919)

Querido amigo Méndez Pereira:
     Esta es para felicitarle muy sinceramente por los palos que usted me sale a dar a propósito de mis críticas a Benavente --persona muy apreciable, por cierto, a quien nunca he tratado y de quien no he podido recibir jamás favor ni desfavor.
     Como yo no critico por lucir el ingenio, sino por un honrado y ferviente afán de abrir camino a las ideas nuevas, favorables a la expansión de la vida, quitando de en medio las que, por el desgaste del tiempo, han quedado tan desprovistas de jugo vital como una alpargata --y así son (¡perdóneme!) las de Benavente--, de ahí que considere una verdadera dicha que personas tan preparadas como usted me dé el "quién vive" y ponga a prueba la fragilidad o fortaleza de las armas que estoy usando contra el celebrado autor. Y tan regocijado me siento de esta desaforada batalla a que me invita usted --por la luz que ella tiene que arrojar sobre la cuestión que defiendo-- y tan refrenado quiero tener siempre mi amor propio que, a fin de que los mismos que han leído mis críticas contra Benavente tengan la oportunidad de leer las suyas contra mí, y de ese modo puedan aquilatar mejor, he resuelto insertar su artículo en este número de "Cuasimodo", quedándome yo entre tanto callado como un muerto hasta el número siguiente. Y como no me gusta quemar pólvora en salvas, dejo al curioso lector engolfado en la lectura de los furibundos denuestos con que usted me obsequia (unilateral, apasionado, empeñado en deprimir a otros para elevarse él, envidioso, etcétera, etcétera)y paso a otro particular de su artículo que me interesa muchísimo más que el que me concierne personalmente.
     Se trata de aquellas atrocidades que, apoyándose en la autoridad de Gustavo Le Bon, fulmina usted contra el socialismo.
     Usted, amigo mío, y ese señor Le Bon, de quien no he leído ni leeré una letra en todos los días de mi vida (porque al hablar de las mujeres habla como un ganso, y para muestra basta un botón) hacen un alegato piramidal para demostrar... lo que no hay persona en el mundo por chiflada que esté, que haya negado jamás: la desigualdad intelectual, física y moral entre los hombres. ¿Quién ha puesto eso jamás en tela de juicio? ¿A qué venir, pues, a demostrar lo obvio? ¿Cuándo ni dónde ha dicho ningún socialista de nota que sea necesario para socializar la vida de relación el condenarla a ese absurdo igualitarismo de cuartel que usted innecesariamente combate?
     Socializar no quiere decir igualar, nivelar, enmendarle la plana a la naturaleza en lo tocante a la maravillosa riqueza de tonalidades que ella ha establecido de especie a especie y de individuo a individuo. Al contrario, quiere decir liberalización, emancipación del hombre de las cadenas económicas que hoy lo atan, para que pueda llevar al máximum la expansión natural de su personalidad. Y es claro que, a mayor expansión de la personalidad, mayor diversidad, mayor riqueza de tono y matices.
     Las únicas diferencias que aspira el socialismo a borrar, no son en modo alguno las naturales, las que afirman y defienden la individualidad, sino las artificiales, las que deprimen y rebajan la individualidad. Por ejemplo, entre el hijo de usted y el hijo de su cocinera existe hoy una diferencia artificial, que si, hasta cierto punto beneficia artificialmente, con un privilegio injusto, al hijo suyo, dándole medios y oportunidades que carece el hijo de la cocinera, deprime y rebaja artificialmente, la personalidad del último, impidiendo así que las diferencias naturales entre ambos tengan medios de manifestarse. Por respeto, pues, a la obra divina que ambos representan, el socialismo haría de los dos niñitos seres igualizados en los medios, en las oportunidades, para que ambas existencias pudieran realizar su máximum de potencialidad; en tanto que el régimen feudal de hoy estrangula al uno inexorablemente, sin beneficio apreciable para el otro, como habrá de estrangular mañana al suyo si Dios no hace un milagro en su favor. ¡Y así se establece la horrible serie de estériles estrangulamientos inmisericordes!
     Con el socialismo, amigo mío, en lo único que se nos iguala es en aquello en que somos iguales por ley natural, en las necesidades orgánicas esenciales. Usted podrá comer más o menos que yo, pero usted tanto como yo y el otro y el otro, no tiene más remedio que comer todos los días, dos veces por lo menos, para estar en estado normal de vitalidad.
     Pues bien, esas necesidades orgánicas esenciales, que son iguales en todos los hombres de todos los climas, y que hoy se dejan estúpidamente al ciego azar de la posición económica de cada uno, el socialismo las eleva a la categoría de una augusta función social pública --la primera y más importante de todas-- a fin de que por vez primera sea una verdad y no una mera ficción, el que a cada ciudadano se le reconoce y garantiza el derecho inalienable a la vida. 
      Hoy ese derecho inalienable es pura retórica, porque ¿de qué vale declararme libre y garantizarme en mi derecho a vivir, si no se me aseguran los medios esenciales para la vida? ¿De qué vale la hipócrita ficción jurídica que declara al hijo de mi cocinera tan libre y garantizado en su vida como al hijo mío, si, en cambio, los medios de vida del hijito de mi cocinera (de quien todavía no se puede ni sospechar que sea naturalmente inferior al mío) no sólo son cruelmente, tiránicamente, sacrílegamente, artificialmente inferiores a los medios del hijo mío, sino que depende de mí --o de otro de mi condición-- que en un día dado se quede sin comer, o sin médico que le cure un dolor, el infeliz hijito de mi cocinera? ¿No es monstruoso, amigo mío, un mundo que consiente tales abominaciones?
     Para terminar, pues veo que esto se alarga más de la cuenta, hago el siguiente resumen de lo anterior: dos son las características esenciales que distinguen al socialismo del feudalismo económico de hoy: una, el aseguramiento, por la comunidad, a cada individuo de las cosas esenciales a su vida; otra, consecuencia forzosa de la anterior, el aseguramiento por cada individuo, a la comunidad, de la porción de trabajo esencial para la vida y fines de la comunidad. O sea, uno para todos, todos para uno. Fórmula genuinamente cristiana que, gracias al socialismo, vendrá a reemplazar a la anti-cristiana y satánica de hoy, que no es otra que ésta: uno contra todos, todos contra uno.
     Le saluda fraternalmente su leal amigo.
                                                                      Nemesio Canales.




VOCABULARIO CONTEXTUAL




  1.Méndez Pereira= Octavio Méndez Pereira (1887-1954), pedagogo, novelista y periodista panameño.
  
  2.Alpargata= Es un tipo de calzado de fibras naturales como pelo, algodón, pieles de animal, etc. Su suela puede ser de esparto (España) o cáñamo.

  3.Benavente= Jacinto Benavente (1866-1954) dramaturgo español.


  4.Desaforada= Gigantesca, desmedida, grande.   


 5.Refrenado= Contenido, reprimido, cohibido.


6. Cuasimodo= Nombre de la revista mensual que publicaba Canales, para ese entonces, en Panamá.


7.Quemar pólvora en salvas= Poner medios inútiles y fuera de tiempo para un fin.


  8.Engolfado= Inmerso, embebido.


9.Furibundos= Iracundos, furiosos.


10.Denuestos= Agravios, afrentas, insultos.


11.Gustavo Le Bon= Gustave Le Bon (1841-1931), psicólogo social francés.

12.Ganso= Memo, necio, mentecato.

13.Fulmina= Que despotrica contra alguien o algo.


14.Piramidal= Del inglés pyramidal= Tremendo, mayúsculo.


15.Chiflada= Trastornada, confundida, desorientada.


16.De nota= Relevante, importante, sobresaliente.


17.Enmendarle la plana= Corregirle, arreglarle, hacerle enmiendas.


18.Deprime= Sojuzga, rebaja, apoca.

19.Régimen feudal= Sistema de gobierno de organización política y social propio de la Edad Media (del siglo IX al siglo XV), basado en el feudo o contrato por el que un soberano o gran señor cedía en usufructo a sus siervos una parcela de tierra a cambio de su fidelidad.

20.Inexorablemente= Inevitablemente.

21.Reconoce y garantiza= Estos verbos en tiempo "indicativo" en vez del "subjuntivo" exigido sintácticamente dan un giro más real al contraste entre el hecho y el derecho que luego se ejemplifican.

22.Inalienable= Irrenunciable, intransferible.





viernes, 16 de enero de 2026

La Muerte del Verdugo

                                                

                              La Muerte del Verdugo



Copio de "El Día":

Leerían ayer nuestros abonados la muerte de Pedro Feliciano Duprey, el verdugo del Pueblo de Puerto Rico.
He ahí un caso especial de "hombre". Ejecutó cerca de dos docenas de hermanos; vivió en presidio, lega ciento noventa pesos por único patrimonio.
He ahí lo que deja a cinco hijos que tuvo aquel insensato que mataba semejantes como tritura granos de maíz una piedra de molino. Es un caso a estudiar.



¡Vaya que sí es un caso de estudio el caso de la vida de un Duprey! Y a mí me gustan los estudios de esos casos, tanto, que algo quiero decir con respecto a Duprey, a las reflexiones que me inspira su muerte, evocadora de su triste vida.

Lo primerito que se me viene a la mente es que no estoy conforme con el dictado de "insensato" que el autor del suelto le aplica al finado. ¿Por qué insensato? ¿Porque mataba semejantes como tritura granos de maíz una piedra de molino? Yo no creo que haya nada de insensato en tener un oficio. Un oficio siempre dignifica. Un oficio da cierto barniz de seriedad y hasta de respetabilidad al que lo ejerce con orden y probidad para ganarse el sustento.

¿Que su oficio consistía en matar semejantes? ¡Bah! Lo mismo da matar semejantes como matar reses: la cuestión es tener un oficio. ¿Se le puede llamar insensato a un hombre porque se dedique a estoquear vacas y novillos?

Tanto derecho tiene a la vida una vaca como un hombre, y tanta grima debe producir derribar una vaca como tumbar de una puñalada a un hombre. Lo que conmueve y espanta en estos casos es la efusión de sangre, y más sangre, más calor de vida hay en la vaca que en el hombre. Sin embargo, nos ha dado por espantarnos del que mata, por oficio, hombres, y no decimos nada del que mata reses.

Además, el matar, no vacas, sino hombres, semejantes, ha constituido siempre un gran honor. ¿Qué han hecho los Alejandros y Césares y Napoleones, qué han heho los héroes, todos que llenan la historia para que los reverenciemos y cantemos y honremos como a semidioses?

Pues no han hecho otra cosa que eso: matar hombres; tener el oficio de matar semejantes. Y no uno, ni dos ni tres, sino por docenas, por miles, por cientos de miles.Y mientras al pobre Duprey, que ejecutó nada más que un puñadito de hombres -uno ahora y otro el año que viene-, le llamamos con horror insensato y monstruo, se nos cae la baba festejando, verbigracia, al almirante Togo, que de una sentada acabó qué sé yo con cuántos miles de rusos.

Parece, pues, que lo malo del oficio no está en lo de matar hombres, sino de matarlos en pequeña escala. ¿Mata usted una vaca cada día y se gana un dólar? ¡Pues es usted un vil carnicero! Pero, ¿mata usted o manda matar -que es lo mismo- quinientas vacas diariamente, y se gana usted con esa matanza un dineral? Pues ya entonces tendrá derecho a llamarse honorable y a mirarnos por encima del hombro. El negocio de matar gente es, pues, lo mismo que cualquiera otro negocio: hecho en pequeña escala, no vale la pena, y está mal visto, y hasta nos ponen motes por ello; pero en grande escala, al por mayor, nos da prestigio, nos hace grandes, nos gana estatuas.

No hay, pues, que hacer aspavientos ante el verdugo. Su industria es, precisamente, la que conduce más rectamente a la gloria. Es la industria que hizo inmortales los nombres de esos grandes carniceros que se llamaron  Alejandro, Aníbal, Escipión, César... Es la industria que ejerció Napoleón, que mató él solo más hombres que todas las epidemias y todos los médicos del mundo.

Y, aquí, ante el recuerdo de Napoleón, me detengo. No se debe pasar nunca de largo ante ese nombre, ante esa excelsa y radiosa silueta, la más grande y gloriosa de toda la historia. No se debe pasar sin descubrirse, sin murmurar un fervoroso rezo de admiración, de respeto, de amor, ante el hombre huracán, ante el coloso, ante el dios.

Sí, Napoleón fue un dios que tenía un diablo dentro, o un diablo en cuya mente había un dios.

Y aunque mataba semejantes "como tritura granos de maíz una piedra de molino", yo no tengo más remedio, abrumado por su grandeza inmensurable, que detenerme ahora ante su nombre para rezarle mi respeto, y, decirle mi amor en el verso divino de Rubén Darío para don Quijote:

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el peso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias,
y conta las leyes, y conta las ciencias
contra la mentira, contra la verdad...



VOCABULARIO    CONTEXTUAL



1.Barniz= Capa superficial de algo inmaterial, como una cualidad.

2.Efusión= Derramamiento de un líquido.

3.Togo= Togo Heihachiro (1848-1934), almirante de la Flota Imperial Naval del Japón.

4.Aspavientos= Demostración excesiva de espanto, admiración o sentimiento.

5.Radiosa= Que despide rayos de luz.







miércoles, 7 de enero de 2026

SONATA TRISTE

     


                                                 SONATA TRISTE

 (Artículo de 1916)

     Pues bien, comamos. Comamos, trajinemos, bostecemos, engordemos, vivamos. Vivamos, es decir, arrastremos como bueyes fatigados y mansos y callados la pesada carreta que rechina en las piedras y cruje y se acuesta de un lado en los baches. ¿Que es oscura y tediosa y traidora y hostil la cuesta de la vida? Sí... ¿pero y qué? ¿qué más da que sea clara u oscura, alegre o triste, cruel o dulce? ¿No hemos vivido hasta hoy embaucándonos, alucinándonos, entreteniéndonos con minúsculas burbujas de humo de ilusión? Pues ahora que somos demasiado viejos para las burbujas de ilusión que engatusaron por algún tiempo nuestra vanidad, nuestro erotismo, nuestra curiosidad; ahora que ya vino la tarde y nos volvió lívida la senda de la cuesta, y nos llenó de agonía y de pavor el corazón; ahora que nuestro cuerpo ha andado tanto, tanto que ya conoce todas las inclemencias, desde el zarpazo hambriento de los tigres hasta la sensación de salivazo de las sabandijas; ahora que la carreta ya casi no cruje de ahogada e invadida que está por los baches; ahora que ya la fatiga y el tedio y la desolación nos enferman, nos rinden, nos aplastan, sigamos cuesta arriba mansos y callados y no nos preguntemos para dónde vamos ni por qué caminamos.
     ¿Que el sol se fue, y ha llegado la tarde y a su lívida luz todo árbol es ciprés, y toda vibración sollozo, y toda casa tumba y el mundo un cementerio...? ¿Y qué? Aún nos queda una voluptuosidad por paladear. Aún nos queda la voluptuosidad enorme de la desilusión, de la renunciación, de la desolación. Aún nos queda el goce de arrastrar penosamente cuesta arriba nuestro abatimiento, nuestro cansancio, la agonía lenta y lúgubre de nuestro corazón. Aún nos queda el recóndito gozo, humilde y orgulloso a un mismo tiempo, de sentirnos despojos de un banquete báquico de hienas y de ratas y de sapos.
     Aún hay para nosotros, para lo que queda de nuestros nervios, para lo que nos queda de alma, la divina emoción de tender la vista y mirar hacia atrás, hacia más allá de los raptos y canciones de la juventud, y abarcar todo el camino recorrido, y detenernos un instante ante el balcón de la vieja casa campesina y solitaria entre cuyas paredes vinimos al mundo, y allí, llamar, llamar de nuevo con la misma voz trémula de cuando éramos niños, a la mujer que fue nuestra madre, y volver a sentir en su llanto todo el raudal de su ternura triste, mientras se lo decimos todo, todo lo que nos hizo la vida, y nuestras mutuas tristezas se comprenden, se funden, se iluminan, se besan, se aman...
     Pero aún nos queda más. Nos queda el goce de sabernos idos de la vida, tan idos de la vida que ya no nos hiere. Nos queda el goce de acariciar dentro de nosotros el último ensueño, el ensueño que tras tanto y penoso caminar llegaremos, por fin, al minuto de fatiga suprema en que el hielo clemente de la muerte nos arrope, y por encima o por debajo del furioso turbión de las cosas, nos quedemos dormidos, santamente dormidos, bellamente dormidos, sin odio y sin amor, como en la cuna.



VOCABULARIO     CONTEXTUAL



 1.Sonata= Composición musical instrumental de trozos de vario carácter y movimiento.

 2.Trajinemos= Que andemos de un sitio a otro con cualquier ocupación.
  
 3.Mansos=  Apacibles, tranquilos, sosegados.
  
 4.Rechina= Que emite un sonido estridente al rozar con algo.
  
 5.Cruje= Ruido que hacen algunos cuerpos cuando rozan unos con otros o se rompen.
  
 6.Baches= Hoyo que se hace en el suelo de las vías de comunicación, a causa del mucho tránsito de vehículos y caballerías.
  
 7.Oscura= Confusa, incierta, misteriosa.
  
 8.Tediosa= Fastidiosa, enfadosa o molesta al ánimo. Que no aporta ningún interés.

 9.Hostil= Adversa, funesta, aciaga.

10.Cuesta= Período de dificultades.

11.Embaucándonos= Engañándonos ingenuamente.

12.Alucinándonos= Ofuscándonos, confundiéndonos, engañándonos.

13.Entreteniéndonos= Haciendo que las cosas sean más soportables o llevaderas.
                                 
14.Engatusaron= Que ganaron nuestra voluntad con falsos halagos y mentiras.

15.Erotismo= Gusto por las sensaciones que suscitan los sentidos.

16.Lívida= Marchita, mustia, abatida.

17.Pavor= Temor, horror, sobrecogimiento.

18.Zarpazo= Golpe dado con la mano (zarpa) de ciertos animales.

19.Tigres= Personas crueles y sanguinarias.

20.Salivazo= Porción de saliva que se escupe de una vez.

21.Sabandijas= Personas despreciables.

22.Ahogada= Sin el espacio que necesita para su normal funcionamiento.

23.Tedio= Fastidio, enfado, molestia.

24.Ciprés= Årbol que se planta mucho en los cementerios.

25.Voluptuosidad= Gozo, deleite, placer.

26.Paladear= Tomar el gusto de una cosa poco a poco.

27.Lúgubre= Triste, pesarosa, melancólica.

28.Despojos= Restos, residuos, desechos.

29.Báquico= Perteneciente a Baco (dios romano del vino y la fertilidad). Relativo a la embriaguez y a las orgías tumultuosas.

30.Hienas= Personas despiadadas.

31.Ratas= Personas despreciables.

32.Sapos= Personas repugnantes, repulsivas.

33.Raptos= Éxtasis, delirios, apasionamientos.

34.Trémula= Temblorosa, palpitante.

35.Raudal= Abundancia, profusión.

36.Funden= Que se unen, se juntan.

37.Clemente= Compasivo, misericordioso.

38.Turbión= Dícese de la multitud de cosas que suceden juntas y violentamente.





miércoles, 31 de diciembre de 2025

Adios 1915

  


                                                        Adios 1915

(Artículo de enero de 1916)

     Se va, se fue ya el año 1915. Nunca me he entretenido en la tarea, puerilmente romántica, de despedir el año que muere y saludar al que comienza. Pero en esta fracción de tiempo que, convencionalmente, hemos designado con el nombre de 1915, han ocurrido cosas tan gordas, tan monumentales que bien vale la pena de referirse a ellas, aunque sólo sea para tener el gusto de nombrar alguna, ahora que otra fracción de tiempo, rotulada con otro número, nos sale al encuentro. En primer lugar, a este 1915, que ya se va, le cabe el honor de haber sido el más sangriento de la historia. Es verdad que la gran guerra europea estalló en el 1914, pero estalló a mediados de año, de modo que el primer año consumido, desde Enero a Diciembre, en la enorme contienda, es el 15, y por eso es que figurará para siempre en la historia con un color de un rojo más subido que ningún otro año. El ataque grandioso y desesperado de los alemanes a Yprés; la entrada de Italia; la retirada rusa; la escuálida figura del gran duque Nicolás desapareciendo bruscamente de la escena como si se hubiese evaporado; la actitud de Grecia, donde la mano de una mujer detiene y paraliza los impulsos de la voluntad nacional; la traición de Bulgaria; la fiereza casi inverosímil de los servios; la archi-ridícula aventura del millonario Ford... ¿Cómo no enamorarse rendidamente de un año así, que nos ha puesto ante los ojos en veloz desfile sucesos tan grandiosos y dramáticos? Dejo a los mojigatos, a los llanos de espíritu, la tarea fastidiosa de derramar un mar de lágrimas de beata para llorar el mar de sangre vertida en los campos gloriosos de Europa en el 1915, y me entrego con toda mi alma al deleite de meditación, de evocación y de emoción que me van brindando, uno a uno, los trágicos episodios de esta gran epopeya. Y me consuelo del gran dolor de no haber vivido en los tiempos de Napoleón el divino, pensando que estoy vivo ahora y que he podido contemplar cosas que tienen más fuerza dramática que los mismos milagros napoleónicos. Y pienso más; pienso que estoy vengado. Que estoy vengado ya de toda la bilis que me he tenido que tragar a lo largo de la vida, resignándome a tolerar, sin tregua ni protesta, las mil y una vulgaridades, ramplonerías, sandeces y vilezas de que estaba saturado el mundo, y sobre todo este mundo, raquítico y apestoso a trastienda, de América, donde el concepto de las cosas es tan pobre y oscuro que los pavos son águilas y las cotorras ruiseñores. Y digo que he quedado vengado, porque en la hoguera de la guerra que está ardiendo en Europa se están quemando los moldes, las normas, los cimientos mismos del sistema social odioso y mil veces maldito que a manera de máquina infernal mataba por asfixia los temperamentos ricos, generosos, pródigos de acción o de pensamiento, y guardaba todos sus merengues y sus sopas bobas, y sus monedas, y sus misas y sus lujos y sus mimos, para aquellos hombres tirados a cordel cuya tosca sensibilidad y cuya falta de espiritualidad les hacía adaptables, convirtiéndolos en exhibición perenne de virtudes negativas, burguesas, rutinarias, fáciles, flatulentas, feriables...
     ¡Oh la inmensa hoguera crepitante y convulsa en que vislumbro ardiendo, chisporroteando, gimiendo, maldiciendo, bufando, pateando y muriendo toda la absurda, grotesca, caduca, mercenaria y tiránica ideología de cerdos flacos con que me han torturado padres, maestros, clientes, amigos y enemigos desde que vi la luz en este islote americano donde las águilas, para poder vivir, se disfrazan de pavos y los ruiseñores de cotorras!
     Año de 1915, el más sangriento, el más trágico, el más grande de la historia: en medio de la mugre espiritual que ya te has llevado, yo, un hombre pequeño e insignificante nacido y criado en una verruga del Caribe, y que, de puro aburrido y asqueado, pensó en suicidarse a principios del año 1914; yo, un hombresito ruin, a quien haría correr y morirse de miedo una gota de sangre, te saludo en tu olímpico agonizar y me empapo bien el corazón de la roja luz de tu noble y amado recuerdo...




VOCABULARIO  CONTEXTUAL




  1.Puerilmente= De modo trivial, fútil, vano.

  2.Romántica= Sensiblera, excesivamente commovible.

  3.Gordas= Destacadas, notables, trascendentes.

 4.Rojo= Radical, revolucionario. Muy exaltadas las pasiones.

  5.Escuálida= Consumida, enclenque, raquítica.

  6.Mojigatos= Personas que se escandalizan fácilmente.

  7.Fastidiosa= Inaguantable, insoportable, desagradable.

  8.Bilis= Enojo, cólera, amargura.

 9.Ramplonerías= Vulgaridades, desverguenzas, insolencias.

10.Raquítico= Pequeño, de poca categoría o poder.




domingo, 21 de diciembre de 2025

SONATA DE DICIEMBRE

 



                           SONATA DE DICIEMBRE

(Artículo de 1915)

    

     Majarete, arroz con dulce, almojábanas... Yo voy diciéndome estas palabras muy despacio, muy sosegada y recónditamente, y siento que al decirlas se me llena el corazón de cosas de infancia que cantan y lloran.
     Majarete, arroz con dulce, almojábanas... ¿Dónde estarán aquellas manos resplandecientes de blancura de carne y de alma, que para estos días de diciembre, tan suaves, tan azules, tan amables, se complacían en recrear mis ojos de niño con las tres exquisitas golosinas que he nombrado, puestas sobre un mantel?
     Fino era el aire como filo de navaja; verdes los campos, pero no del verde crudo y detonante del resto del año, sino de un verde claro, delicado y lánguido. Y en todas partes, en el aire fino de la montaña y en el verde claro de los campos, ecos de coplas jíbaras olorosas a selva que subían y subían triunfantes por entre la malla de cálidas notas que tejían la guitarra y el cuatro y el güiro. ¡Oh aquellos días, melancólicamente apacibles, en que no había regaños de maestros ni necias disciplinas escolares, y todo sonreía, y había nidos y trinos y vuelos en los cafetales de Coabey, y los caminos se llenaban de muchachas, y yo tenía permiso para montar a caballo, en el minúsculo caballo negro y manso que me habían regalado, y seguir las parrandas, las alegres parrandas de gentes humildes y sanas de corazón que por instinto tenían la sabiduría de volverse niños una vez al año para irse por los caminos pidiendo aguinaldo!
     En la larva de hombre que era yo entonces, qué de impresiones recogidas ávidamente, como en una especie de íntimo delirio, por todos mis poros, en todo cuanto mi vista abarcaba, desde la rama de guaba que mecía blandamente la brisa primaveral, hasta la cálida vibración de juventud en el cuerpo, en la mirada y en la voz de las muchachas que cantaban y bailaban. Yo no bailaba ni cantaba, porque era niño y tímido, pero miraba, miraba, miraba. Y de las cuerdas tensas de mis nervios se quedó prendida para siempre la rara sensación inexpresable que me producía el verdor de los campos, el palpitar voluptuoso del aire, la salmodia perenne del río, la vibración de juventud en los cuerpos de las jíbaras, y el eco lánguido de la copla campesina resonando sobre los intrépidos acentos del cuatro y los trágicos acentos de la guitarra. Y desde entonces enfermé; enfermé de la grave dolencia de ensoñación que inocularon en mi sangre el aire y las montañas y el río de Coabey, cuando les vi vestidos con el traje delicado y galano que les daba diciembre.
     Y vuelven, han vuelto ya los días de fin de año, tan suaves, tan azules, tan amables, en que diluye su alborozo la mañana y su pena la tarde. Vuelven... ¿pero dónde está mi caballito negro de seguir parrandas? ¿dónde las ondulantes y frescas muchachas que llenaban los caminos? ¿dónde la copla jíbara que glosaban el cuatro y la guitarra?... ¿Y dónde, dónde hallar, Dios mío, por mucho que yo peregrinase buscándola, aquella voz, aquella cara, la figura aquella de mujer buena, triste y dulce, de cuyas manos resplandecientes de bondad recibí yo tantas veces las exquisitas golosinas de diciembre?
     Majarete, arroz con dulce, almojábanas... ¡Quién iba a pensar que estas palabras me habían de conmover con la emoción de ahora, que las voy diciendo muy despacio, muy sosegada y religiosamente, pues al decirlas siento que se me llena el alma de cosas de infancia, de melodías lejanas que cantan y lloran!





VOCABULARIO    CONTEXTUAL




  1.Sonata= Composición musical instrumental de vario carácter y movimiento.
  
  2.Majarete= Manjar compuesto de maíz, leche y azúcar.
  
  3.Arroz con dulce= Postre hecho a base de arroz, leche de coco y pasas y que se sirve en la época navideña en Puerto Rico.
  
  4.Almojábanas= Especie de torta que se hace con manteca, huevo y azúcar.
  
  5.Crudo= Se aplica a las cosas destempladas, desmesuradas, faltas del término medio que se toma entre dos cosas.
  
  6.Detonante= Desmedido, inarmónico, chocante, desmesurado.
  
  7.Jíbaras= Dicho de personas, costumbres y otras cosas relativas a los campesinos en las regiones montañosas de Puerto Rico.

  8.Cuatro= Instrumento de la musica tradicional puertorriqueña algo más pequeño que la guitarra y de cinco cuerdas dobles metálicas.
  
  9.Güiro= Instrumento musical de percusión muy popular entre el campesinado de las Antillas Mayores con caja de resonancia hecha de un calabazo duro de la mata del mismo nombre. Se le conoce también como güícharo.

10.Coabey= Nombre taíno que denomina a un barrio ubicado en las coordenadas 18°12′51″N 66°33′44″O y perteneciente a la municipalidad de Jayuya, Puerto Rico.

11.Aguinaldo= Regalo que se da en la fiesta de Navidad a los que van por las casas cantando villancicos.

12.Salmodia= Canto cadencioso, insistente y un tanto monótono.


13.Intrépidos= Atrevidos, vigorosos, enérgicos.

14.Acentos= Dícese de la intensidad o prominencia que se le da a los sonidos para realzarlos o resaltarlos.

15.Trágicos= Hondamente conmovedores.

16.Inocularon= Que alojaron, inyectaron, introdujeron.

17.Galano= Dispuesto con buen gusto. Elegante, gallardo, primoroso.

18.Alborozo= Extraordinario regocijo, júbilo, placer o alegría.

19.Ondulantes= Que sus cuerpos presentan líneas curvas.

20.Glosaban= Dícese de la variación que diestramente ejecuta el músico sobre unas mismas notas.

21.Religiosamente= Con sentimiento de veneración y devoción.






miércoles, 26 de noviembre de 2025

LOS NIÑOS DE ALBANY

 


                             LOS NIÑOS DE ALBANY

(Artículo de 1916)


     ¡Cómo! ¿Pero es verdad que en Albany, Estados Unidos, sesenta mil niños han ido en manifestación a pedirle al gobernador que ejecute sin misericordia  a Pontón? ¿Pero no es espantoso que de las tiernas y gorjeantes gargantas de sesenta mil niños se haya hecho salir este clamor de muerte contra un infeliz reo? Por grande que haya sido el delito de Pontón, ¿a qué queda reducido frente a este otro delito de envenenar deliberadamente el alma de una legión de niños con tan feroz deseo?
     No; ésto no parece cosa sucedida en estos tiempos, ni en el seno de un pueblo civilizado. Esto parece cosa de otros tiempos, brote de crueldad en el alma de roca de gentes primitivas, no iniciadas aún en las prácticas mansas de Buda o de Cristo. Se concibe que en torno del infeliz que, en un momento de extravío amoroso, dio muerte a una mujer, se aglomeren los deudos de la víctima pidiendo justicia, esto es, venganza. Se concibe que este furor homicida de los deudos se transmita por contagio en los primeros momentos a los habitantes del pueblo o ciudad de la víctima. Pero no se concibe que se llame a los niños, a todos los niños de todas las escuelas, y se les haga partícipes de esta espeluznante orgía de odio. Y esas iglesias, esas innumerables iglesias que en las ciudades americanas propagan día y noche la doctrina de Cristo, toda amor, caridad, tolerancia y perdón, ¿qué hacen? ¿para qué sirven si no sirven ni siquiera para impedir que se escape de la garganta de los niños de Albany el sacrílego grito de venganza y muerte que acabamos de oír? ¡Y pensar que estas mismas iglesias, junto a las cuales acaba de darse el horrible espectáculo de tan innecesaria crueldad, envían constantemente misioneros a otros pueblos, y entre ellos a Puerto Rico, a predicar mansedumbre y caridad evangélicas! ¡Dónde mejor podrían actuar estos misioneros es allí donde el frenesí del odio puede tanto que hace salir de las escuelas a sesenta mil niños para que vayan en procesión solemne hasta la casa de un gobernador, y le conminen a ser inexorable, a matar fríamente al que mató en un vértigo, a obsequiar a unos infelices viejos --los padres del reo-- con el lúgubre regalo de Christmas de la muerte del ausente hijo que nunca ha de volver!
     Nosotros no sabemos leer ni sabemos correr tras el Dólar hasta reventar o hacernos millonarios. No sabemos unas cuantas cosas que para afear y entristecer la vida saben y practican nuestros señores los americanos. Sabemos muy poco, es verdad. Pero podemos afirmar rotundamente que en el seno de nuestra pobre y humilde comunidad jamás daremos el tremendo espectáculo de hacer colaborar a nuestros hijos en la obra de fría y estéril crueldad en que han colaborado los niños de Albany.
     Sabemos muy poquita cosa, muy poquita cosa. Ni siquiera hemos inventado el automóvil Ford, tan indispensable a la felicidad humana. Sabemos, sin embargo, perdonar. Y como el perdón necesita de la compasión, y la compasión necesita de la comprensión, y esta facultad de comprender necesita a su vez de la lenta y laboriosa decantación espiritual de una cultura que contribuyeron a formar siglos y más siglos, ¿qué podemos hacer, así pobres y humildes como somos, sino pedir a los dioses, con un poco de orgullo, que se apiaden de nuestros señores los americanos, y que, a cambio de hacerles olvidar muchas de las innumerables cosas que han aprendido para complicar y ensombrecer inútilmente la vida, les madure, depure y refine el espíritu de tal modo que, sin necesidad de ir a la escuela ni a la iglesia, sepan esa cosa sencilla y profunda que saben nuestros analfabetos: perdonar, esto es, compadecer, esto es, comprender. Cuando sepan esta sencilla, pero profunda y formidable cosa que se llama comprender, ya quizás no tendrán la extraordinaria agilidad juvenil con que persiguen hoy millones e inventan aparatos de mecánica; ya quizás no harán progresar tan velozmente sus industrias, sus casas, sus ciudades, sus muebles, sus zapatos, sus ropas; pero habrán progresado ellos mismos, esto es, tendrán una sensibilidad más aguda, una cerebración más intensa, y una visión más certera, más amplia y más profunda de la vida... Y al orgullo infantil de haber inventado el automóvil Ford y otras zarandajas de ferretería, sucederá un nuevo sentimiento de humanidad a la luz del cual la sombría procesión de los niños de Albany pidiendo ferozmente la muerte de un hombre, les parecerá una cosa tan cruel, tan tosca, tan primitiva, tan fea, que la creerán inverosímil y temblarán ante ella de verguenza y de horror.





VOCABULARIO       CONTEXTUAL





  1.Gorjeantes= Se dice de los niños cuando empiezan a hablar y formar la voz en la garganta.

  2.Feroz= Brutal, agresivo, cruel, despiadado.

  3.Orgía= Satisfacción de pasiones desenfrenadas.

  4.Sacrílego= Impío, envilecido, abominable.

  5.Vértigo= Arrebato, impulso, rapto.

  6.Lúgubre= Triste, funesto, melancólico.

  7.Fría= Falto de afecto o de sensibilidad.

  8.Estéril= Inútil, vana, infructuosa.

  9.Decantación= Inclinarse, tomar partido o decidirse por una opción entre varias.

10.Zarandajas= Baratijas, bagatelas, chucherías.

11.Tosca= Inculta, grosera, vulgar.