miércoles, 10 de abril de 2013

LOS TRES ENEMIGOS DEL ALMA MODERNA [1] [EL PERIODICO]




LOS TRES ENEMIGOS DEL ALMA MODERNA [1]
[EL PERIODICO]
(Artículo de 1921)




     Nunca ha estado el espíritu del hombre en peligro como en los días que corren. Basta pensar, para apreciar esto, en el papel que desempeñan en la vida de todo quisque estos tres artículos de primera necesidad: el periódico, el cinematógrafo, el teatro.
     Nos hallamos en Buenos Aires. Miremos bien en torno nuestro. ¿Qué vemos en material de periódicos? Ahí están los diarios de la mañana, los diarios de la tarde. ¿Qué dicen, qué mensajes nos traen del mundo exterior? Veamos.
     En primer lugar, los cables en los de la mañana son muchos, son de una abundancia abrumadora. Y parecería que, leyéndolos, se pondría uno en contacto con todo lo que hay de movimiento, de marcha, de latido, de jadeo, en el alma convulsa del mundo. Leamos. "Actualidad política y social de España". Este es el título de una sección que nunca falta. Y uno piensa: Aquí voy a hallarme con lo más interesante de la realidad española actual. Pero... ¡ay! Aquí de los versos llorosos de Acuña: "Camino mucho, mucho, y al fin de la jornada..." Al fin de la jornada... lo de ayer, lo de anteayer, lo de siempre. Que si la Cierva dijo o no dijo... ¿Qué demonios puede decir la Cierva jamás que valga la pena? Que si la Cierva, que si Allende Salazar, que si Sánchez Guerra, que si Maura, que si el ministerio conservador, que si el liberal, que si sale Perico y entra Juan, o sale Juan y entra Perico. Y en tanto, la verdadera realidad española, la honda, la trágica, la de Unamuno, la de Araquistáin, la de Baroja, la de los estudiantes, la de los obreros, la de los pintores, la de los agitadores, la España viva, en fin, que tiene un camino que andar y lo está andando ya, rápida o lentamente... de esa España, ¡nada!
     Y nada tampoco de Italia. Porque ¿quién que no se pierda nunca un solo cable de los de la Associated, la United o las Havas, puede exprimir del clisé diario italiano que sirven estas agencias, nada que autorice a decir: Sé lo que piensa, sé cómo vive, sé qué color tiene la Italia de hoy? ¿Qué sucesos, qué figuras, qué cosas son las que pasan por la monótona pantalla de estas agencias cablegráficas? Precisamente las de menor importancia, las más descoloridas, aquellas cuyo contenido ideológico es tan pobre que produce sueño.
     Y si de Italia pasamos a Estados Unidos... ¡horror! ¿Cuántas veces a la semana nos vemos obligados a desayunarnos con la misma baba mental caída de la boca gárrula de ese invertebrado, neblinoso y casi inexistente Mr. Harding? ¡Dios mío!, que nos digan en buen hora lo que ocurrió de particular a un la Cierva, a un Harding, a un Poincaré, a uno cualquiera de estos absurdos hombres fofos que aún quedan al frente de los destinos humanos; que nos digan si enfermó, o se batió, o se cayó, o entró o salió o le partió un rayo, o... ¡en fin! cualquiera cosa de esas que sea un hecho, un hecho concreto donde fijar la atención. Pero que nos cuenten ce por be lo que pensó, lo que dijo un infeliz analfabeto de estos cuya mentalidad es la de un pavo o un caracol, es el colmo de los atropellos. Y si al menos nos lo contaran una vez ... Pero no, son cien y mil vueltas y más vueltas que les dan todos los días las condenadas agencias a estas cosas piramidales.... ("tengo entendido que nuestras relaciones con Sur América han de ser cada vez más cordiales", "veo con regocijo que la situación mundial tiende a normalizarse"..., "de la buena armonía entre el trabajo y el capital, depende el éxito de nuestra industria"... etc., etc., etc.) que los solícitos y plúmbeos corresponsales sorprenden en la invariable e inevitable explosión de idiotez de los estadistas trogloditas que, por una sangrienta ironía de la historia, manejan ahora los grandes asuntos de los grandes pueblos.
     Pero, fuera de los cables, puede, ¿no?, que haya otras cosas de enjundia en los grandes diarios matutinos. A ver. Ya hemos mirado. ¿Qué hemos hallado? Paja. Notas parlamentarias, mero reporterismo rutinario; notas policiales; notas sociales; alguno que otro artículo de colaboración en que muy de raro en raro se percibe un tímido arrebol de pensamiento. Grandes firmas, firmas consagradas, firmas de alto copete oficial. Los Poincaré, los Nitti, los Hanoteaux, los Max-Nordeau; mucho lustre, pero ninguna lumbre, porque ya es sabido que el gran sello oficial no cae jamás sobre lo que tiene alas de rebeldía, sobre lo que tiende a empujar el carro de la vida hacia el sol de mañana. Y el viaje es largo desde la primera hasta la última página, y uno está cansado y le duelen los ojos... pero en ningún momento del viaje nos hemos podido detener ante ninguna cosa que compense del tedio atroz de tanta borra.
     Pero... Ahí están las revistas. Ahí está la... el... no las mencionaremos; ¿para qué, si todas son iguales, si todas dan la misma nota? Todas elegantes de formato, todas repletas de ilustraciones llamativas, todas rollizas de información gráfica y literaria de la actualidad. ¿De la actualidad, habéis dicho? Sí; pero ¿de qué actualidad? ¡Ay! de la más trivial, de la más adocenada y cursi. La señorita que se casó, el caballo que ganó, el diputado o doctor que deslumbró a sus oyentes con la declaración atrevida de que "el día es más claro que la noche", o que "el polo es más frío que el ecuador", la venida resobada del gran Alfonso XIII, etc. Tienen, sí, un gran afán de amenidad estas revistas; no dejan escapar ninguna nota que suministre pasatiempo y recreo a sus lectores. Pero ¿es que hay en el mundo nada más aburrido que la amenidad periodística? ¿Qué es esta amenidad, sino trivialidad, ausencia de sensibilidad y comprensión ante el lado serio y real de la vida? ¿Y a quién que no esté muerto puede interesarle lo que, a fuerza de huir del tumulto humano donde está el drama nuestro, el drama de todos, para sólo resbalar sobre la superficie, no nos saca jamás de ese círculo infernal de las frivolidades convencionales en que toda la necedad humana se viene acumulando por siglos de siglos?
     Pensando en la índole de esta clase de prensa, se me ocurre preguntar: ¿por qué leemos estas revistas? ¿por qué, si nada contienen que no sea ameno, esto es, tonto, ruin, tedioso hasta tumbar de espaldas, no nos hacemos pagar por leerlas en vez de pagar nosotros?
     En realidad el papel de estas revistas no consiste en proporcionar lectura al lector, sino un vehículo de propaganda al avisador. A ellas no les importa gran cosa  el atraerse lectores; lo que les importa por encima de todo es conquistarse anunciadores. Su negocio no está en colocar tantos o cuantos ejemplares, sino en captarse el favor de tales o cuales anunciadores. En suma, ellas no están en el mundo para servirle al ansia de lectura del público, sino para servirle al anunciante, que es el que las trueca de pobres en ricas. A un director de una de ellas, le dije yo, muy candorosamente, hace algunos días: --Si ustedes le prestaran atención a Lima --donde no hay revistas--, alcanzarían allí una gran circulación. Él se echó a reír y me contestó: --¿Pero usted no sabe, amigo, que a nosotros no nos conviene circular ni con un solo ejemplar más? --¿Por qué?-- pregunté yo asombrado. --¡Oh! pues porque nuestra ganancia no está en vender más ejemplares, al contrario, cada ejemplar más nos significa una pérdida; nuestro negocio está en el aviso y, en cuanto a éstos, ya hemos llegado al máximo de precio...
     Estas palabras brillaron como un relámpago en el abismo de mi candidez. Estos periódicos --me dije-- no son tales periódicos en el sentido clásico de la palabra: son simplemente empresas de avisos. Y es claro, su material de lectura no puede ser sino como es, insustancial, baladí, sin olor, ni sabor, ni color determinado. Porque, si así no fuera, es evidente que se expondrían a chocar, por aquí o por allá, con los intereses o preocupaciones de éste o de aquél importante anunciador. Por consiguiente, mientras más anodinos sean, menos chocarán y más anunciantes tendrán.
     Ahora bien, ¿no es horrible pensar que haya millones y millones de almas --hombres, mujeres y niños--, que por único alimento espiritual no cuenten sino con esta mísera e idiotizante bazofia? ¡Y todavía se les paga, todavía les pagamos, encima, por tomarnos de viles instrumentos para su jugoso negocio de anuncios; por poner, como ponen, entre nosotros y el mundo la tapia formidable, la odiosa, la fétida muralla de grasa de su mediocridad! Ya que necesitan lectores, porque a mayor tiraje menores anuncios, ¿por qué, pues, no los pagan?
     Pero con todo y ser tan malo esto de los periódicos, aún quedan cosas por ahí mucho peores, aún queda el cinematógrafo, aún queda el teatro, otros dos espantables enemigos del alma, de que pienso decir también alguna cosa, --para que no se enojen,-- en el número próximo.




VOCABULARIO




   1.Todo quisque= Cada uno, cada cual.

 2.Acuña= Manuel Acuña Narro (1849-1873)= Poeta mejicano. Su enamoramiento de Rosario de la Peña fue presumiblemente la causa de su infortunado suicidio a la temprana edad de 24 años.
  3. Camino mucho, mucho, y al fin de la jornada= Versos del poema Nocturno a Rosario de Manuel Acuña.

  4.La Cierva= Juan de la Cierva y Peñafiel (1864-1938)= Abogado y político español.

  5.Allende Salazar= Juan Manuel Allende Salazar= (18??- 1948)= Político del País Vasco, España. Fue uno de los impulsores del ferrocarril Amorebieta-Bermeo.

 6.Sánchez Guerra= José Sánchez Guerra y Martínez (1859-1935)= Abogado, periodista y político español.

 7.Maura= Antonio Maura y Montaner (1859-1935)= Estadista y escritor español. Fue cinco veces presidente del Consejo de Ministros de España.

 8.Unamuno= Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936)= Escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98.

 9.Araquistáin= Luis Araquistáin Quevedo (1886-1959)= Escritor y político español. Miembro desde su juventud del Partido Socialista Obrero Español.

10.Baroja- Pío Baroja y Nessi (1872-1956)= Médico y escritor español perteneciente a la generación del 98.

11.Associated= Associated Press= Agencia de noticias fundada en Estados Unidos en el 1846.

12.United= United Press International= Agencia de noticias fundada en Estados Unidos en el 1907.  

13.Havas= Agencia de noticias fundada en Paris en el 1835 por Charles-Louis Havas, como Agence Havas. En la actualidad se conoce como Agence France-Presse (AFP).

14.Neblinoso= Impreciso, vago, difícil de comprender.

15.Mr.Harding= Warren Gamaliel Harding (1865-1923)= Vigésimo noveno Presidente de los Estados Unidos.

16.Poincaré= Raymond Poincaré (1860-1934)= Político francés, noveno Presidente de la Tercera República Francesa.

17.Fofos= Flojos, pusilánimes, apocados.

18.Ce por be= Con todo detalle.

19.Piramidales= Se dice de los cosas necias o fuera de razón.

20.Solícitos= Diligentes, prontos, prestos.

21.Plúmbeos= Pesados, fastidiosos, insoportables.

22.Trogloditas= Dícese de las personas retrógradas.

23.Enjundia= Lo más sustancioso e importante de algo.

24.Arrebol= Se usa para resaltar el carácter distintivo o peculiar de algunas cosas.

25.Nitti= Francesco Saverio Vincenzo de Paola Nitti (1868-1953)= Economista y político italiano. Sirvió como trigésimo sexto Primer Ministro de Italia.

26.Hanoteaux= Albert Auguste Gabriel Hanoteaux (1853-1944)= Historiador y estadista francés.

27.Max-Nordeau= Max Simon Nordau (1849-1923)= Judío húngaro co-fundador de la Organización Sionista Mundial.

28.Borra= Cosa inútil y sin sustancia.

29.Adocenada= Vulgar y de muy escaso mérito.

30.Resobada= Muy común y sabida.

31.Baladí= Insignificante, de poco valor.

32.Bazofia= Cosa de muy mala calidad.

33.Fétida= Pestilente, hedionda, maloliente.





domingo, 7 de abril de 2013

GUAPERIAS





GUAPERIAS
(Artículo de 1920)



     Batlle Ordóñez se ha cubierto de gloria en estos días dándonos una prueba más de que es hombre de muchos pantalones. El cable nos cuenta, con lujo de sibaríticos pormenores (estas epopeyas gustan todavía de un modo atroz), cómo Ordóñez le partió el corazón de un balazo a su colega el diputado Beltrán, y cómo éste es, desde enero para acá, el segundo enemigo que despacha en el terreno de los caballeros. ¡Es mucho hombre este truculento y tremebundo Batlle Ordóñez! Le dan a uno ganas, ante hombres así, de darse unos porrazos en el pecho y salir cantando como gallo. ¿Quién iba a creer que allá en Montevideo, ciudad de cuya refinada cultura moderna se nos ha dicho tanto, perdura aún, fresquecito, el guapetonismo caballeresco medioeval? ¡Bendito sea Dios! Pensar que después de tanto herrerareisigmo y rodoísmo estamos todavía tan poco desbastados que no sepamos discutir ningún asunto sin caer en la grosería plebeya de los desahogos y denuestos personales y de estos desahogos y denuestos, en las bofetadas, patadas, palos, pedradas, cuchilladas o balazos...
     “Al campo don Nuño voy, -donde probaros espero...” He aquí compendiada toda nuestra psicología de relación en materia de controversias. En este particular estamos tan adelantaditos como en los felices tiempos del Cid Campeador y Diego García de Paredes.
     Pero no vayan a creer ustedes que milito entre los adversarios del duelo a la manera norteamericana. Para ellos, para los norteamericanos, el duelo es costumbre ridícula y propia sólo de latinos cabecicalientes. Lo cual no significa que entre ellos estén eliminadas las riñas cuerpo a cuerpo en que culminan, allá como aquí, los desahogos y denuestos. Lo único que ellos han hecho es suprimir el ceremonial caballeresco, pero están tan dispuestos a entrarse a trompadas o balazos con un adversario deslenguado como nuestros hermanos latinos que cultivan aún el deporte de ventilar sus diferencias en el campo de idiotez de don Nuño. Es cuestión de forma, pero tan bárbaro es el que trompea o acuchilla a su enemigo sin ceremonial, como el que lo hace a la clásica usanza caballeresca. Y puesto a escoger, por lo que a mí me toca, entre dejarme romper quijada o costilla por un bruto, y dejarme perforar el cuerpo con florete o bala en el campo del honor, prefiero lo último, forma de barbarie más atenuada, al fin y al cabo, que la plebeya riña sin ceremonial al crudo estilo americano.
     La enfermedad no está en la sábana. El mal no está en la forma, sino mucho más adentro: en la manía grotesca de asociar el honor con el daño personal inferido al adversario. Tantas bofetadas, o puñaladas, o balas, dadas o recibidas, otros tantos quintales o toneladas de honor que quedan reinvindicados. Me llamó usted necio, o pelagatos, o estafermo, o canalla, o bandido, o cualquiera de las bajas expresiones coléricas que aún quedan en nuestro poco evolucionado léxico, pues ya tengo el deber de honor de romper o dejarme romper la nariz, la quijada, una o varias costillas y, si a mano viene, el corazón. Mientras más averías físicas resulten del encuentro, más limpio y resplandeciente queda el honor y más resoplante de orgullo el vencedor. ¡Ni más ni menos que si en lugar de hombres se tratara de mulos o jabalíes! En este punto, cualquiera ve que el carrero y el mozo de cuerda coinciden, en su psicología, con el más cultivado intelecto. Mucho orgullo, muchos humos de superioridad sobre los que carecen de nuestro mismo grado de educación... y sin embargo, en las normas fundamentales de nuestra vida, en la manera de entender cosa tan alta y delicada como el honor, tan toscos, tan primitivos, tan desaforadamente mulos los unos como los otros.
     Se me objetará que hay ofensas serias y que el no tomarlas en cuenta nos presentaría como unos cobardes. Pero yo replico que el llamarme canalla, o bandido, o perro, no es tal ofensa más que en la cabeza de un tonto. Un epíteto, mientras más grosero y más sucio sea, menos me puede herir. Al que hiere en realidad, al que pone en evidencia como un ser inferior e infeliz, menos digno del odio que de la conmiseración, es al procaz adversario que me lo echa al rostro por no tener cosa mejor en su intelecto con qué defenderse. Un epíteto, como no prueba nada, como no contiene pensamiento alguno, es menos que un estornudo, sólo puede soliviantar a los que, por haber venido al mundo con la psicología de los gallos, temen perder algo si no responden materialmente, con golpes o balas, a la provocación de un imbécil.
     Pero, y si a usted, señor --se me ha dicho varias veces-- le nombran la familia o le imputan alguna acción bochornosa, ¿se va a quedar tranquilo? Y yo repondo: Sí; me quedaré tan tranquilo y tan impasible como un ladrillo. Si es verdad, mi mayor orgullo, si soy hombre que valga dos cuartos, debe ser el no rehuir las verdades, ni las agradables ni las desagradables, ni las mías ni las ajenas, por nada del mundo. Y si es mentira... vive Dios, que si yo no supiera despreciar la mentira, si yo descendiese jamás hasta el extremo de ruindad de temblarle a un embuste, ¡me ahorcaría en el acto de asco de mí mismo!
     Pero es más. Es que si verdaderamente fuésemos tan educaditos y refinaditos como alardeamos de ser desde que aprendemos cuatro paparruchas en un colegio, y tuviéramos sobre el palurdo algo más que la calidad de la ropa y el pulimento de las maneras superficiales (maneras que se le pueden enseñar a un mono en menos de un trimestre), en lugar de complacernos en el daño corporal producido al adversario, sentiríamos horror ante la sola idea de ese daño. Yo, Juan, salto al campo con Pedro y le pego o me pega. Pues bien; si yo, Juan, soy algo superior al pobre palurdo de la calle en mi sensibilidad y en mi entendimiento, es evidente que saldré siempre perdiendo. Si me pegan, por el dolor y las consecuencias de los golpes. Y si yo pego, porque me avergonzará y me dolerá como un feroz reproche el espectáculo de los golpes o heridas que le dí a mi adversario.
     ¿Quién que así piense no encuentra en sí mismo reservas de valor (el verdadero, el espiritual, el único) suficientes para no convertir jamás --aunque pase ante el vulgo por cobarde-- un conflicto de ideas, una controversia cualquiera, en un motivo de boxeo o de duelo?
     Ese mismo pendenciero Batlle Ordóñez, que en lo que va del año a despachado en el campo de don Nuño a dos de sus adversarios, ante este alto y genuino concepto del valor --del gran valor, floración del espíritu, que llevó a Tolstoy a reñir con su casta, y a San Francisco de Asís a hermanarse con el lobo y la pantera y a Cristo a llevar su mensaje de renovación social lo mismo a la casa del bueno que a la casa del malo-- se queda chiquitito. Porque ¿cuánto apuestan ustedes a que éste señor, este Pepe el Tranquilo de Montevideo que mató a Beltrán de un pistoletazo, no es en el fondo más que un cobardón infeliz que se muere de miedo al solo anuncio de que se va a decir o a creer de él tal o cual cosa?




VOCABULARIO



  1.Batlle Ordóñez= José Pablo Torcuato Batlle Ordóñez (1856-1929)= Sirvió como Presidente de la República de Uruguay en tres períodos distintos; primero interinamente del 5 de febrero de 1899 al 1 de marzo del mismo año, luego como el 19° presidente constitucional de 1 de marzo de 1903 1 de marzo de 1907 y más tarde como el 21° presidente constitucional del 1 de marzo de 1911 al 1 de marzo de 1915.

2.Sibaríticos= Se dice de las cosas que se hacen con placer o deleite.

3.Beltrán= Washington Beltrán Barbat (1885-1920)= Escritor, periodista, abogado y político uruguayo.

4.Truculento= Que asusta por su exagerada crueldad.

5.Tremebundo= Horrendo, que hace temblar.

6.Herrerareisigmo y rodoísmo= Refiérese a la influencia cultural de estos dos grandes de la literatura uruguaya y mundial: Julio Herrera y Reissig (1875-1910) y José Enrique Rodó (1871-1917).

7.Desbastados= Educados, sin rusticidad. Civilizados.

8.Grosería= Descortesía, falta de urbanidad, rusticidad, ignorancia.

9.Plebeya= Perteneciente al vulgo, al populacho.

10.Desahogos= Dar rienda suelta a un sentimiento o queja para aliviarse de ellos.

11.Denuestos= Injurias, afrentas o ultrajes graves.

12. "Al campo don Nuño voy"= Verso de La Venganza de Don Mendo, de Pedro Muñoz Seca, donde se satiriza el honor tradicional.

13.Cabecicalientes= Cabeciduros= Testarudos.

14.Trompadas= Golpe dado con la trompa (prolongación de la nariz de algunos animales). Usada para cargar la acción del mayor sabor posible a animalidad.

15.Deslenguado= Malhablado, insolente, lenguaraz.

16.Florete= Espada.

17.Pelagatos= Hombre pobre y desvalido y a veces despreciable.

18.Estafermo=Simplón, pelele, mequetrefe.

19.Resoplante= Envanecido, presumido, engreído.

20.Carrero= Carretero = El que guía las caballerías o los bueyes que tiran de las carretas.

21.Mozo de cuerda= Persona que se ponía antiguamente en los parajes públicos para llevar cosas de carga o para hacer algún otro mandado.

22.Procaz= Desvergonzado, atrevido.

23.Soliviantar= Mover el ánimo de alguien para inducirle a adoptar una actitud hostil.

24.Paparruchas=Tonterías, estupideces, necedades.

25.Palurdo= Se refiere despectivamente al cuerpo como algo tosco, ordinario. Persona tosca, ignorante, patán.

26.Pulimento= Mejoramiento, afinamiento, perfeccionamiento.

27.Pepe el Tranquilo= Figura folklórica del toreo español. Es el "valiente" que se para frente al toro sin moverse, como si no le importase nada.







jueves, 4 de abril de 2013

NUESTRAS MUJERES Y LA CUESTION FEMINISTA





NUESTRAS MUJERES Y LA CUESTION FEMINISTA
(Artículo de 1917)




     ¿Pero, es verdad que las mujeres de Puerto Rico también se aprestan a entrar en la línea de fuego? Yo casi no lo creo, de bien que me parece. ¿Quién iba a creer que a este molusco de Puerto Rico le iban a entrar también ganas de andar? Pero hay que creerlo y celebrarlo, en vista del vuelo que la propaganda feminista va tomando.
     Adelante, amigas. Hay que pedirles urgentemente el voto a los partidos, y al partido que se niegue, leña con él.
     Leña con él a todas horas y en todas partes, y leña contra toda obstrucción política o social que ataje el paso hacia adelante.
     --Pero ¿vais a dejar de ser ángeles y a perder vuestro hechizo?-- oigo que os dicen.
     --¿Y qué?-- oigo que replicáis. ¿Y qué? No es a ser ángeles que hemos venido al mundo. Para ser ángeles nos faltan, o nos sobran, mil cosas. Y para ser ángeles de mentirijillas, vale más ser demonios de verdad. Además, somos mujeres, y sólo eso podemos o queremos ser. ¿No están ustedes contentos y orgullosos de ser sólo hombres? ¡Pues también nosotras empezamos a sentirnos contentas y orgullosas de ser sólo mujeres!
     --Bueno; pero... ¿y el hogar? ¿y la familia? ¿y la pureza inmaculada del nombre de esposa, de madre, de hija?
     --¿Cómo? ¿Pero todas esas cosas no tienen por base fundamental el monopolio, por ustedes, de nuestra libertad individual? Si no la tienen, ¿a qué alarmarse de nuestra emancipación? Y si la tienen, si para que subsistan es necesario que sigamos esclavas, entonces que se hundan pronto, cuanto más pronto mejor. Que de ustedes mismos hemos aprendido que aquello que se compra a precio tan caro como la pérdida de la propia libertad, no debe ni siquiera mencionarse en el número de las aspiraciones humanas. Toda merma en la libertad personal es esclavitud, y toda esclavitud es degradación, no importa el nombre bonito con que se la encubra.
     --Pero es que la mujer, dentro de su círculo doméstico, tiene toda la libertad que necesita para su augusto papel de guardiana del hogar...
     --La libertad no admite eso de círculos. El perro suelto dentro de un patio o la gallina en libertad dentro de un corral son casos de esclavitud tan flagrantes y dolorosos como el perro amarrado a un poste o la gallina metida en un saco. Son diversos grados, distintos aspectos de la misma cosa horrenda, mil veces maldita, que se llama esclavitud.
     --Bueno; pero es que las queremos a ustedes por su bien, alejadas de las encarnizadas y hasta feroces luchas masculinas.
     --¿Y quién le mete a usted, señor, y quién les mete a ustedes los hombres a decidir y a escoger normas de vida por y para nosotras? Si ésto nos conviene y aquéllo no nos conviene, es a nosotras, nada más que a nosotras, a quienes corresponde la tarea de resolverlo. ¿Nos dejan ustedes intervenir en la decisión de lo que más les conviene a ustedes? No. Pues entonces, ¿a santo de qué pretenden hacer de nosotras ésto o aquéllo sin nuestra voluntad?
     --¡Oh! Pero es que no se trata de violentar la voluntad de nadie...
     --¡Oh! ¿Y cómo sin el voto, única expresión de la voluntad colectiva que ha encontrado la democracia, puede saberse cuál es nuestra voluntad?
     --Pero, venga usted acá, amiga mía, y no se sulfure, y convenga conmigo en que para el ejercicio del voto se requiere cierto grado de preparación que no tienen ustedes todavía, y sería, pues, un peligro muy grande...
     --Sí, sí. Ya lo sé. Es el argumento clásico de los amos. Falta de preparación... ¿Y qué es esa decantada preparación sino el hábito, la práctica del mismo derecho que nos niegan? ¿Cómo se puede adquirir la tal preparación sin el hábito, y el hábito sin la iniciación en el ejercicio del voto que solicitamos? --Dame mi libertad gime el esclavo. --No te la doy, replica el amo, porque no estás preparado para ejercitarla. Y el esclavo baja la cabeza, y el amo sigue tan campante, porque demasiado sabe él que el pobre esclavo nunca estará preparado, esto es, ejercitado en la práctica de su libertad, mientras no la tenga, y como a él no le conviene dársela, el esclavo no se ejercitará en ella nunca y morirá, por supuesto, sin llegarse a preparar jamás. Donosa ocurrencia la de la preparación: «No te doy la libertad, porque no la mereces, porque no la has practicado nunca, y no la has practicado nunca, porque no la has tenido, y no la has tenido, porque no te la he dado, y no te la he dado, porque no la mereces, y no la mereces..., etcétera, etcétera, hasta la eternidad. ¿Hay ejemplo de círculo vicioso más monumental?
     Economizando inútiles palabras, ¿no valdría lo mismo decir: «no te doy la libertad, porque no la mereces, y no la mereces porque no te la doy»? ¿Y no se podría aún abreviar más el círculo diciendo: «no te doy la libertad, porque no te la doy»?
     --Bien, sí, convengo en lo del sofisma de la preparación. Pero... ¿y la poesía? ¿y la tradición? ¿y el culto caballeresco a la mujer, profesado sin interrupción durante siglos y siglos, precisamente por ella ser débil, y como débil, mansa, y como mansa, dulce, y como ajena a las luchas humanas, pura, y como pura, cándida, y por cándida, casta, y por casta y por cándida, y por mansa y por dulce, ¡adorable y feliz...!
     --No siga usted, por Dios, no siga usted. Todo se lo he tolerado en el terreno de la discusión, pero esto último es demasiado ya y no se lo tolero. Hacer dimanar la poesía de la mujer, la belleza física y moral de la mujer, de su debilidad (raíz de su mansedumbre) y de su ignorancia (raíz de su candidez); tener por único ideal de mujer la odalisca forzada a caricia perpetua, el dócil y bonito animalito, conservado y cuidado con esmero sólo porque es artículo de lujo que se compró a buen precio en la feria o va a llevarse a la feria; confesarse todavía abogado de la embustera y envilecedora tradición romántica que hace de la mujer un juguete, un instrumento para el recreo del hombre, un bizcocho para la boca saciada del aburrido señor que la sustenta; darse aires de caballero andante para conservar, para perpetuar la monstruosa tradición social que hace de la mujer la resignada e inconsciente señorita de antaño, con el matrimonio por único refugio e ideal, con el nefando resultado inevitable de que, por cada mil de estas señoritas que se casan mal o bien (más frecuentemente mal que bien), hay dos mil y tres mil y cuatro mil (cada día más y más) que no se casan, y que, o se sustraen sacrílegamente a los reclamos de la vida, y se atrofian y se apagan en la lenta e inhumana tortura inquisitorial de un celibato lúgubre y suicida, o se lanzan temerarias al arroyo, para quedar por siempre selladas de oprobio, execradas, envilecidas, perseguidas y martirizadas sin tregua y sin piedad... ¡Oh! no le tolero a usted ni una palabra más. Farsante o ciego, no tengo nada que esperar de usted. Déjeme usted pasar, que el tiempo vuela, y la tarea es urgente, y hay en mi sangre llamaradas de impaciencia, de coraje y de fe.




VOCABULARIO  CONTEXTUAL




  1.Vuelo= Se usa para señalar que una cosa va adelantando o aumentando mucho.

  2.Leña= Castigo.

  3.De mentirijillas= Que fingen lo que no son.

  4.Flagrantes= Evidentes, que no necesitan demostración.

  5.A santo de qué= Con qué motivo, a fin de qué, con qué pretexto.

  6.Decantada= Se dice de algo que se alaba o se encarece exageradamente.

  7.Donosa ocurrencia= Dicho o hecho caprichoso o extravagante.

  8.Sofisma= Argumento aparente con que se quiere defender lo que es falso.

  9.Odalisca= Se dice de la mujer cuyo único atributo es la sensualidad.

10.Nefando= Indigno, infame, ignominioso.

11.Al arroyo= Se dice de un ambiente de miseria y marginación.

12.Execradas= Detestadas, condenadas, aborrecidas.

13.Llamaradas= Exaltación repentina del ánimo.







viernes, 29 de marzo de 2013

GOMEZ CARRILLO Y TROTZKY





GOMEZ CARRILLO Y TROTZKY
(Artículo de 1920)




     De un periódico de Sur América, de esos que se disputan todavía las amenidades eternas de Gómez Carrillo, amenidades que tuvieron su época, pero que en estos tiempos de universal trastrueque y conmoción son algo tan disonante, grotesco e irritante como una musiquita de acordeón entre el fragor y pánico de un incendio, recorto un artículo del "aterciopelado" cronista, que inserto aquí como una muestra del grado de incomprensión a que han llegado, frente a los sucesos magnos de esta ópera, algunos de nuestros más encumbrados intelectuales. Tiene la palabra el gran Gómez Carrillo:

"COMO GOBIERNA UN APOSTOL"

     "--¿Habéis leído los últimos telegramas del extranjero? Hay según ellos, en Europa, un país cuyo gobierno, espantado de los desórdenes obreros, ha decretado once horas de trabajo obligatorio en las fábricas... Y en este mismo país, ese mismo gobierno, indignado al ver que los comerciantes vendían el carbón y la leña a precios excesivos, ha dado una ley condenando a muerte a todo aquel que trafique con el combustible sin atenerse a la tasa...
     "--¿Qué país es ese?-- exclaman con horror los socialistas madrileños. ¿Será sin duda un antro de oscurantismo, un pueblo dominado por el clero y por la aristocracia? Once horas de trabajo obligatorio para los obreros... Hombre, eso es inicuo, eso hace pensar en los tiempos de Fernando VII... Decidnos, por Dios, los nombres de los miembros de ese Gobierno para excomulgarlos...
     "--Ese Gobierno está presidido por un hombre tan enérgico, que, cuando él habla, todo el pueblo se inclina, temblando. Hace poco, en una de sus ciudades de guarnición, un grupo de obreros enemigos de la disciplina militar, que les parece una esclavitud indigna de hombres libres, predicó ante los soldados, aconsejándoles que se rebelasen contra sus jefes. En el acto este gobernante dio un manifiesto que reza: "Algunos aventureros han hecho la más infame propaganda contra el Poder, publicando clandestinamente proclamas, encaminadas a provocar sublevaciones militares. En una de estas proclamas llegan a decir a los soldados: "Camaradas, no obedezcáis a vuestros oficiales." Desde que el gobierno tuvo conocimiento de todo esto, envió un  batallón e hizo prender a los autores de esas proclamas contra la disciplina militar, que fueron en el acto pasados por las armas..." Ya veis pues, si se trata de un ministro enérgico, de un hombre que conoce e impone el principio de autoridad...
     "--¡De un déspota, querréis decir!, exclaman los socialistas españoles--. En todas partes los generales, cuando se apoderan del Poder Civil, son unos tiranos inconscientes, sobre todo si obedecen a los jesuítas... Ese bárbaro que así manda fusilar a los obreros que no son culpables sino de predicar contra el militarismo, debe ser un soldado que no tiene en el cerebro sino los artículos de las ordenanzas... Decidnos pronto cómo se llama, decidnos quién es para maldecirlo."
     "--Es un hombre muy enérgico, muy enérgico... Figuraos que cuando en ciertas fábricas de su Patria los obreros creyeron que, en nombre de los principios del comunismo, podrían suprimir las jerarquías, dio un decreto ordenando someter el trabajo a la dirección de los técnicos educados en las antiguas escuelas burguesas. Ese decreto termina con las siguientes palabras: "Castigaremos de la manera más despiadada todas las tentativas que se hagan en oposición a estas disposiciones, así como la propaganda sobre el asunto,, realizada con estrechez de miras..."
     "--¡Qué enormidad...! Es un retrógrado sanguinario ese hombre... De seguro es un general de sacristía, de esos que odian a los obreros y que quieren esclavizarnos como parias. Decidnos su nombre para sacarlo a la picota."
     "--Su nombre... aquí lo tenéis: Trotzky
                                                                      E. Gómez Carrillo"

     Querido amigo Gómez Carrillo: acepte este consejo de alguien que solía leerle a usted, allá en los buenos tiempos de la edad del pavo, con verdadera delectación, embobado en las salsitas parisianas con que usted aderezaba sus sensaciones de arte (de un arte por el arte, frívolo y empalagoso que no pasaba de la epidermis): puesto que usted con sus salsitas de estilo y su estudiada y relamida gracia bulevardiera, se ha hecho de una reputación estupenda en España y América, no abandone esa senda florida para ponerse a desbarrar como lo hace sobre las cosas grandes y trascendentales en que está ocupada y concentrada la atención --y las ansias-- de la humanidad, porque corre usted el peligro de perder en una semana lo que se tiene conquistado en tantos años de escanciador de ese vinillo dulce de la amenidad tan del gusto del desocupado, despreocupado y aburguesado lector. No abandone, por Dios, sus charlitas de "boudoir", sus mariposeos bohemios de Montmartre, su "pauvre Lelian" (¿lo escribo bien?), su alma encantadora de Lutecia y demás tópicos aterciopelados, y deje en paz a los hombres y acontecimientos serios y ásperos de esta tragedia de ahora que usted no podrá nunca comprender, porque entre usted y estas cosas y hombres de ahora hay la diferencia misma que hay entre la visión de una mariposa y la de un águila. Siga en su cómodo papel de pintada y currutaca mariposilla del jardín de las letras galanas, mi buen don Enrique, y no ensucie sus níveas y superfinas manos de orfebre parisino con el barro, húmedo de sudor y lágrimas y sangre, que amasan hoy en Rusia las manazas geniales de esos cíclopes renovadores que, prosaicamente y desesperadamente, libran su batalla contra la podredumbre y miseria moral del viejo orden social.
     ¡Qué chiquitas y tristes las ironías pánfilas de usted para estos arquitectos del nuevo edificio social, mi buen don Enrique! Primero habla usted de que el Gobierno Soviet, "indignado al ver que los comerciantes vendían el carbón y la leña a precios excesivos, ha dado una ley condenando a muerte a todo aquel que trafique en el combustible sin atenerse a la tasa."
     ¡Por qué hace usted aspavientos irónicos ante esto? ¿No son el carbón y la leña artículos de suprema necesidad, sobre todo en un país tan frío como Rusia y por añadidura bloqueado? El especular con estas necesidades supremas de que depende la vida de tantos millones de almas ¿no es el más execrable de los crímenes? Si todos los países capitalistas donde impera la clase de civilización que a usted le enamora --cremitas y amenidades arriba; mugres y horrores infernales abajo-- hicieran lo mismo contra todos los logreros de toda laya, ¿no cree usted que habría menos crema arriba, pero también menos infierno abajo? ¿Qué mejor elogio de Rusia que el hecho de que, mientras en los demás países el especular con los artículos de primera necesidad, no sólo no se castiga, sino que es una profesión honrosa que conduce al millón, allá en Rusia esa clase de especulación no conduce a otra parte que al presidio o al cadalso, bajo el principio socialista de que vale más la vida de la comunidad que la barriga insondable de un salteador?
     Pero pasemos a otro sarcasmo, al que le lanza usted a Trotzky a propósito de la severa disciplina que ha implantado en el ejército Rojo. ¿Qué quería usted? ¿Que fueran tan infelices, tan memos, los directores de la revolución más grande que han visto los siglos, que pretendieran tener ejército sin disciplina y disciplina sin castigos? Ellos no están guerreando por su gusto. Fue la gran burguesía aliada la que los llevó a la guerra, la que los obligó a pelear con uñas y dientes, cuando se les echó encima por todos lados y con toda clase de formidables armamentos. La cuestión era de vida o muerte para ellos, y, sobre todo, para las grandes y nobles instituciones que ellos han creado. Tenían muy a su pesar que improvisar un ejército, un gran ejército capaz de defenderse contra todas las grandes potencias coligadas en su contra, y el milagro se hizo y, bajo la genial dirección de Trotzky, fueron cayendo uno tras otro los Kolchacks, Denikines, Yudeniches y demás arcángeles del santo sistema del despojo de todos para refocilamiento y engordamiento de unos pocos. ¿Y quién que no haya hecho de la vida un mero pretexto para aderezar amenidades y combinar monerías, quién que posea un asomo de buen sentido dejará de reconocer que un ejército es un bloque humano cuyo único elemento de conglutinación y consistencia es la disciplina, y que para lograr disciplina donde no la hay, y lograrla tan pronto como la necesidad terrible del terrible momento lo exigía, no había otro recurso inteligente que castigar toda insubordinación de una manera rápida y decisiva?
     Bien a gusto que hubieran reído los tiburones y panteras de la burguesía europea viendo el ejército de Trotzky disgregarse, desbandarse a las primeras de cambio a falta de una severa ordenanza militar que la barbarie de la guerra (barbarie contra la cual son los socialistas los únicos que se alzan) hace indispensable para unificar tantas voluntades, y mucho más cuando una nube de espías y de agentes de la Entente conspiraban sin descanso para frustrar al nacer la defensa armada de los revolucionarios.
     Precisamente, si algo grande han tenido estos hombres, estos Lenín, Trotzky, y demás héroes de la revolución rusa, es que no han sido nunca doctrinarios adocenados que sacrificasen el fin a los medios, el espíritu a la letra, sino que en todo momento han atemperado su acción a la realidad, yendo sin melindres a todos los terrenos donde precisaba ir para evitar el naufragio de la revolución.
     ¿Dónde estarían ya los pobrecitos revolucionarios rusos si por no plegarse a las circunstancias, si por permanecer inflexibles dentro de la camisa de fuerza de un principio rígido, no hubieran respondido al golpe con el golpe hasta hacerse respetar por la fuerza después de no haber logrado por medios pacíficos otra cosa que desdenes e insultos? ¡Buena es la burguesía para andarse con miramientos ante las ideas! Para la burguesía, para este conjunto monstruoso de ambiciones desapoderadas de mando y explotación que se llama el capitalismo, no hay otra razón que la de la fuerza, ni otro instrumento que la bayoneta y el tanque, y aspirar a hecerse oír de ella por medios no violentos sería el colmo de la idiotez.
     Pero no queda aquí la cosa. Nuestro aterciopelado cronista se permite también hacer mención zumbonamente de la medida por virtud de la cual la dirección de la industria rusa fue encomendada por los Soviets a "técnicos educados en la antigua escuela burguesa", y al decreto en que se anuncia la resolución de castigar severamente toda tentativa de oposición a la citada medida.
     Y otra vez nos quedamos estupefactos ante la estulticia gomezcarrillesca. ¡Cómo! ¿Pretendía usted, amiguito, que se prescindiese de los técnicos en la dirección de las industrias? ¡Hombre! Estaría bonito que por hacerle ascos al técnico burgués se quedase la harina sin moler, el algodón sin hilar, y sobre todo, las balas y cañones, tan necesitados en el frente, sin fundir. Pues no señor; en esto como en todo, los bolsheviquis supieron bien pronto dónde les apretaba el zapato (muy a diferencia de lo que ha pasado en el campo burgués, donde los grandilocuentes, pero huecos, Lloyd George, Millerand y otros, por encastillarse en un doctrinarismo adocenado de párroco de aldea, han llevado a Europa a la más espantosa miseria a fuerza de alambradas, bloqueos y castigos insensatos). Vió Rusia, la Rusia nueva y grande de Lenín y Trotzky, que peligraba la industria por falta de técnicos, y corrió en busca de los técnicos. ¿Qué estos técnicos eran burgueses? Muy bien, no habiéndolos de momento en el campo comunista, la cuestión era traerlos en seguida, aunque hubiera que sacarlos del mismo infierno. ¡Pero es que se les pagó un salario subido! --dice otra vez mi "ameno" interlocutor. ¿Y qué? La cuestión era tener técnicos a todo trance, y tenerlos trabajando voluntaria y eficientemente, y puesto que estos técnicos eran burgueses, esto es, acostumbrados a vender su trabajo como quien vende una mercancía cualquiera, se les compró su trabajo, se les pegó por un sueldo al carro de la revolución... y adelante con los faroles. Cuanto a las severas medidas dictadas para imponer la cuestión de los técnicos a los ignorantes y a los obstruccionistas, en ésto como en lo del ejército, cualquier vacilación era mortal y a lo "más" había que sacrificar lo "menos" so pena de quedarse atascados en la mitad del camino: la cuestión era de vida o muerte para la Revolución Soviet y, o se imponía la medida a todo trance, o el carro de la Industria se paraba y la revolución se iba a pique.
     Pero el cronista zumbón descubre en esto un caso de esclavización obrera, fingiéndose espantado de que el Gobierno Soviet decrete muchas horas de trabajo y someta a sus huestes trabajadoras a una estricta disciplina, ni más ni menos que si fuera un gobierno burgués. Y así, no hay más remedio que señalarle caritativamente la diferencia. La diferencia es ésta y la ve un ciego: dentro de un régimen burgués, la dura disciplina y las muchas horas de rudo trabajo y, en general, la esclavización absoluta del obrero se hace en beneficio exclusivo de la bolsa de un patrono, o de varios patronos; en tanto que, dentro del régimen comunista ruso, todas estas cargas, retricciones y durezas de la disciplina las decretaron los obreros mismos, en los momentos en que más terrible era el bloqueo y la embestida de Kolchack y Denikin, como medida de salvación para defender de una muerte cierta la excelsa obra revolucionaria que encerraba y encierra su única esperanza de emancipación. ¡Pues no es floja la diferencia! Tanto como lo que hay entre un Gómez Carrillo esteta y hedonista, que en su vida se ha preocupado de nada sino de sí mismo y, a lo sumo, de la mayor o menor bonitura exterior de las cosas, y un Lenín o un Trotzky, cuya vida toda representa un esfuerzo perenne y heroico en la cruzada tremenda contra el brutal sistema de la competencia feroz y del parasitismo asqueroso --cremitas y amenidades arriba; mugres o infiernos abajo-- con el que se avienen tan bien los individualismos, estetismos, hedonismos y dandysmos gomezcarrillescos.




VOCABULARIO




  1.Gómez Carrillo= Enrique Gómez Tible (1873-1927)= Escritor, periodista y diplomático guatemalteco. En 1898 fue nombrado cónsul de Guatemala en París por el dictador Manuel Estrada Cabrera.

  2.Amenidades= Se dice de las acciones que tienen la capacidad para resultar divertidas, entretenidas, placenteras.

  3.Trastrueque= Lo que resulta de cambios, desórdenes, trastornos.

  4.Disonante= Discrepante, discorde, chocante.

  5.Fragor= Ruido, algarabía, alboroto.

  6.Aterciopelado= Delicado, fino, primoroso.

  7.La edad del pavo= La adolescencia.

  8.Parisianas= No es errata, sino una forma de parecer más francés: no parisino, sino "parisien".

  9.Relamida= Excesivamente adornada, engalanada, emperifollada.

10.Desbarrar= Disparatar, desatinar, meter la pata.

11.Escanciador= El que sirve las bebidas, especialmente los vinos.

12.Bodoir= Se refiere, en francés, a los saloncitos destinados a camerinos o tocadores.

13.Mariposeos= Se dice cuando se cambia con frecuencia de aficiones y caprichos.

14.Pauvre Lelian= "Los Poetas Malditos", es un libro de ensayos escrito por el francés Paul Verlaine. Se refiere a los escritores que, independientemente de su talento, son incomprendidos por sus contemporáneos y no obtienen el éxito en la vida.

15.Pintada= Hábil, prudente, experimentada.

16.Currutaca= Muy afectada en el uso riguroso de las modas.

17.Aspavientos irónicos= Demostración exagerada, pero fingida, de un sentimiento.

18.Trotzky= Led Davidovich Bronstein (1879-1940)= Político y revolucionario ruso de origen judío. Tuvo a su cargo la creación del Ejército Rojo con el que venció a catorce ejércitos extranjeros y a los ejércitos blancos contrarevolucionarios durante la Guerra Civil Rusa.

19.Koltchack= Grigori Mijáilovich Semiónov (1890-1946)= Jefe contrarevolucionario durante la guerra civil rusa. Fue financiado por Japón y se le considera, incluso por los Aliados, como muy cruel.

20.Denikine= Antón Ivánovich Denikine (1872-1947)= Militar ruso, fue uno de los principales líderes contrarevolucionarios del Movimiento Blanco  durante la Guerra Civil Rusa.

21.Yudeniche= Nicolái Nicoláyevich Yudénich (1862-1933)= Militar ruso líder contrarevolucionario del Movimiento Blanco. Comandó sin éxito un avance sobre San Petersburgo ( llamada entonces Petrogrado) con el apoyo de Inglaterra.

22.Refocilamiento= Regodearse, complacerse con malicia.

23.Monerías= Se dice de las cosas delicadas y bonitas.

24.Ordenanza= Disposición o mandato para el régimen de los militares y el buen gobierno de las tropas.

25.Entente= Se refiere al pacto de no agresión que firmaron en 1907 Francia e Inglaterra conocido como Entente Cordiale (entendimiento cordial).


  




martes, 26 de marzo de 2013

ENSAYO SOBRE EL OPTIMISMO Y EL PESIMISMO

 
 
 
ENSAYO SOBRE EL OPTIMISMO Y EL PESIMISMO
(Artículo de 1920)


      Una de las grandes majaderías que cometen casi siempre casi todos los poetas menores, y hasta los mayores, es la de lamentarse de que la vida no sea tan arregladita y bonita como ellos la desean. Y menos mal lo de lamentarse, ya que en un arrebato lírico de dolor y desesperación de almas sinceramente exaltadas, siempre hay cierta grandeza. pero lo que me parece el colmo de la necedad es el ponerse a filosofar gravemente sobre si la vida es buena o mala, color de rosa o negra.
      Casi todos nuestros grandes escritores de España y América, sin excluir a los más vigorosos y realistas, han caído siempre en la manía ésta de darle una tremenda importancia a la actitud que han de asumir ante la vida, si la de un negro pesimismo, o la de un rosáceo y almibarado optimismo.
      Es tiempo ya --mis reverendos señores de la majadería pesimista u optimista- de que alguien se atreva a salir a deciros que dejéis para uso de las señoritas románticas sin ocupación esa filosofía barata --de himno o de gruñido-- del llamado optimismo, o de su compadre el llamado pesimismo, tema que, además de agotado, es imbécil hasta más no poder.
      En efecto, ¿qué forma hay de perder el tiempo más lastimosamente que el ponerse a dar vueltas y más vueltas alrededor de un probrema cuya dilucidación no nos conduciría a parte alguna y que, por consiguiente, nos debe importar un comino?
      Que la vida es buena y usted la ama, o es mala y la odia... Bien... y ¿qué? ¿Qué nos cuenta usted con lo uno o con lo otro? ¿Qué se le da a la vida, a esa cosa inmensa y alucinante de que formamos parte, de que usted o yo, unos granitos de arena, la amemos o la dejemos de amar? ¿Qué diablos le importa al gran remolino vital que nos zarandea que una vocecita humana la alabe o la maldiga, la apruebe o desapruebe en lo que hace o deja de hacer?
      ¿Que le leo a usted, un optimista, y quedo convencido de que la vida es buena y sabrosa? Pues no por eso dejaré de ser un organismo en marcha, expuesto a llevarme un garrotazo y a ver las estrellas a la primera oportunidad. ¿Que leo, por el contrario, a su compadre el pesimista de las gafas negras y quedo convencido de que hago un mal negocio viviendo? Pues no por eso dejaré tampoco de ser un organismo en marcha y expuesto, por consiguiente, a que al volver la esquina me acometa un toro o un acreedor me asalte y tenga entonces que salir huyendo en defensa.. ¿de qué?... de la vida, de aquello mismo de que he renegado.
      ¡Y si siquiera determinaran diferencias reales en nuestra conducta estos dos conceptos, el optimista y el pesimista! Pero no; no hay toneladas de optimismo que me salven del efecto de un dolor de muelas, para no hablar de cosas mayores, como gangrenas, apendicitis, cólicos, paralisis, y las mil y una calamidades físicas y morales que afligen al hombre. Y, a la inversa, no hay toneladas de pesimismo que me lleven a hacer lo único sincero y lógico que debe hacer el pesimista: pegarse un tiro o tomarse un veneno.
      Quejarse, chillar, decir en verso o prosa aquí me duele... Bien: quéjese usted: sobre todo si ello le da motivo, como a Chopín, para componer cosas delicadas y bonitas. Quéjese usted, señor, pero no filosofe, porque filosofar para demostrar lo ya demostrado hasta la saciedad por Schopenhauer, y lo comprobado día tras día por los golpes que sin parar nos descarga la realidad, es una imbecilidad abominable frente a la otra imbecilidad mayor de empeñarse en que estamos en el paraíso.
      Señor optimista, una de dos; o es usted un necio, o es usted un monstruo de insensibilidad. Porque sólo un necio o un monstruo de insensibilidad, de crueldad pasiva --que es la peor de las crueldades-- puede sentirse cómodo y satisfecho ante el cuadro terrible de hambre, de brutalidad, de dolor, de crimen y de voracidad comercial que es hoy el mundo.
      Pero entonces tiene razón el pesimista al afirmar que la vida es odiosa --se me dirá-- No, amigo, no. Claro está que el pesimista ve mejor, es más sensato y afectivo que el cándido optimista, pero tan vacua es su filosofía como la del otro. ¿Por qué?
      No se le puede perdonar a nadie que presuma de pensador el que tenga una concepción tan superficial, tan pedestre, del mundo, que no vea que estamos pegados a la vida, no por la razón, sino por la voluntad, y que contra el "yo no quiero vivir" de la razón se alza siempre, imperativo y triunfante, el "yo quiero vivir" de la voluntad. Con esta voz de mando de la voluntad no cabe discutir. La pócima nos sabrá bien o nos sabrá mal, pero nos la tenemos que tragar de todos modos. Y bien flojo filósofo tiene que ser el que, rebuscando y arañando aquí, en este subterráneo mandato del instinto de vivir que da al traste con los dictados más claros y apremiantes de la razón, no acabe por vislumbrar que en nosotros y por sobre nosotros la voz de mando que dice sí y adelante dentro de nosotros es voz de infinito, voz del cosmos, de todo cuanto en nosotros y fuera de nosotros tiene un sentido de permanencia por encima del sentido fugaz e ilusorio de lo que, en un momento dado, y alucinada por estos o aquellos preconceptos, o estas y aquellas sensaciones, nos dice la razón. La flaca y segmentada razón humana, que no es más que el puntito de luz, de conciencia, de nuestra microscópica e ilusoria individualidad en el seno de la gran nebulosa de la vida universal.
      ¿No es vida todo cuanto se agita bajo nosotros y encima y alrededor y dentro de nosotros? ¿Y no somos nosotros mismos parte de esa vida? O más bien, no somos nosotros mismos la Vida, con todo lo que tiene de consciente e inconsciente, de luz y de sombra? Pues entonces, ¿cómo pretender asumir al mismo tiempo el papel de reo y de acusador, de víctima y de verdugo? ¿A qué sacar cuentas y echar balances cuando el acreedor y el deudor, el debe y el haber, son la misma cosa?
      ¡Qué mala la vida!... Sí; pero ¡qué buena! ¡qué buena cuando así y todo te agarras a ella con las raíces más recónditas y fuertes de tu ser! ¡Qué buena, sí, cuando si sabes mirar más allá de la costra de las cosas, la ves triunfar siempre, penetrándolo, venciéndolo y arrollándolo todo de tal suerte que ya dejas de ver muerte aquí y allá, para no ver en todas partes más que a ella, la Vida. Que se cae, o se seca, o se muere este árbol, y aquel otro, y aquel otro... ¿Sí? Pues asómate, asómate ahora, y mañana, y siempre, y verás el bosque --¡el bosque!-- con los mismos árboles y el mismo verdor y la misma pujanza. Que cae y muere este hombre y aquel otro y aquel otro... Pues asómate y verás en la calle principal de tu ciudad el mismo ir y venir y el mismo zumbar perenne de colmena.
      ¿Qué esto es oscuro y metafísico? Pues volvamos a la claridad, regresemos al sentido común. ¿Se puede usted ir de la vida, señor descontentadizo, aun en el caso de que su instinto vital esté tan débil que se preste --cosa inaudita-- a acatar el mandato de su pasiva razón? No; porque eso que usted llama su instinto de conservación, su voluntad de vivir, es su creencia, su raíz, idéntica a la mía y a la de todos, tan idéntica (¿no lo siente usted?), que en ella y por ella usted soy yo y yo soy usted, los dos somos la misma llama inmortal, la Vida. Y claro está que no hay bala ni puñal, ni veneno que llegue a esa raíz.
      Si pues no podemos segregarnos de la Vida, como no se puede segregar la burbuja de la onda, en lugar de lamentarnos estérilmente o de tratar en vano de rebelarnos, bajemos la cabeza ante el misterio, acatemos y reverenciemos lo que hay dentro de nosostros de indestructible y divino, y con la luz de nuestra razón y el empuje de nuestra intuición busquemos el modo de que cada aurora nos sorprenda más panetrados de su hondo sentido (el de la Vida) y más ansiosos de servirla, y amplificarla, e iluminarla dentro y fuera de nosotros.
 
 
 
 
VOCABULARIO
 
 
 
 
  1.Optimismo= Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.
 
 2.Pesimismo= Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable.

3.Majaderías= Dichos o hechos necios, imprudentes o molestos.

4.Dilucidación= Esclarecer, resolver o solucionar un asunto.

5.Alucinante= Fantástica, imponente, deslumbrante.

6.Zarandea= Que mueve una persona o cosa de un lado para otro.

7.Chopín= Fryderyk Franciszek Chopin (1810-1849)= Compositor y virtuoso pianista polaco considerado uno de los más importantes de todos los tiempos.

8.Schopenhauer= Arthur Schopenhauer (1788-1860)= Filósofo alemán. Su trabajo más famoso, "El mundo como voluntad y representación", constituye una de las cumbres del pensamiento de la doctrina filosófica conocida como pesimismo.

9.Vacua= Superficial, insustancial, intrascendente.

10.Pedestre= Simple, inculta, trivial.

11.Pócima= Se refiere a algo desagradable de beber.

12.Da al traste= Que destruye o arruina una cosa.

13.La costra= Se refiere a la superficie, a la epidermis, a lo exterior de las cosas.

14.Pujanza= Fuerza, energía, vigor.

15.Segregarnos= Apartarnos o separarnos de algo de lo que formamos parte.