martes, 17 de mayo de 2022

La Virtud del Dinero

  

Primero de una serie de 9 artículos sobre el tema.


                                  La Virtud del Dinero 


Se habla siempre con profundo desdén del "vil metal". En el hogar, en la escuela, en la iglesia, en el teatro, la academia, en todas partes, la afición al vil metal es reprobada como feísimo delito.

Y siempre, siempre, se ha venido predicando al hombre que aborrezca como pecado mortal la codicia.

En cambio, ¡cuántos himnos, cuántas alabanzas cantadas a la pobreza! La pobreza honrada, lo pobreza sostenida con decoro, la pobreza aceptada alegremente, ¡qué virtud tan noble, que cosa tan envidiable y tan bella! 

Y los años se suceden, y los siglos pasan, y del fondo de hogares y escuelas e iglesias y teatros, continúa elevándose a los cielos el clamor de los hombres bendiciendo al pobre y condenando al rico.

Y sin embargo, sin embargo, infeliz de aquel que tome en serio el clamor general que ensalza al pobre y abomina al rico. Basta lanzarse en el torbellino del mundo, basta darse un chapuzón en la vida, basta iniciarse en la refriega social, para que la vida nos enseñe a marronazos que, al contrario de lo que cantan en hogares y escuelas, iglesias y teatros, la pobreza es un pecado abominable, y la riqueza la más alta, la más noble, la más espléndida de las virtudes.

Tal como está organizada la vida, la riqueza es la fuerza, y la fuerza es la salud, la inspiración, la armonía, la bondad, la fuente eterna de luz y de progreso y de gloria.

La riqueza limpia, la riqueza ennoblece y embellece. Los más grandes bandidos de la tierra cuando han triunfado, cuando se pasean por el mundo ostentando el nombre de millonarios, lejos de parecernos bandidos nos inspiran respeto, nos parecen seres superiores, y a su paso las más altivas frentes se inclinan, las cabezas más erguidas se descubren.

Las mismas escuelas, academias e iglesias que se pasan la vida anatemizando la riqueza y ensalzando al pobre, a cada donativo del bandido millonario se postran reverentes y le llaman, entre cánticos entusiastas, "varón magnánimo", "ilustre prócer", "generoso filántropo".

Y mientras al pobre, aunque sea inteligente y honrado, nos limitamos a hacerle justicia, llamándole con cierto indefinible y recóndito desdén, "buen hombre", apenas hemos divisado al rico le saludamos sonriente y efusivos, le estrechamos con apretón nervioso su mano y le ofrecemos nuestra casa, y se nos cae la baba, y reventamos de orgullo y de júbilo si nos digna concedernos el honor de una visita.

Y el bandido millonario, el hombre sin entrañas, la fiera que se abrió paso repartiendo entre los demás hombres dentelladas y zarpazos, al verse alabado, festejado y adorado como un dios, al notar que la sociedad le devuelve bien por mal, se va dulcificando, empieza a sentir él también respeto, casi adoración por sí mismo, y va lenta e inconscientemente elevándose al nivel del tratamiento que recibe, y predica sermones, y esribe libros de aliento para los jóvenes, y funda instituciones educativas, y hace regios donativos a hospicios e iglesias..., y el rugir de la fiera de otro tiempo se convierte en suavísima sonrisa, y el hombre sin entrañas que empezó su camino en los antros tenebrosos de la miseria y el crimen, al solo influjo del dinero redentor, acaba por morir en olor a santidad.

¿Se quiere una prueba más cumplida de que el dinero es el más poderoso y eficaz agente de bien y de progreso, y de que pueden más para la salud del cuerpo y del espíritu unas cuantas monedas que todos los predicadores de la tierra?

Y si es así, el seguir haciéndole tragar a nuestros hijos en hogares y escuelas la mentira de que es honroso y santo el desprecio al dinero y una excelsa virtud la pobreza, constituye la más vil de las hipocrecías, el más despreciable y abyecto de los crímenes.

Con tan nociva educación, en lugar de preparar a nuestros hijos para ser fuertes y conquistar a dentelladas el triunfo en la social refriega, los hacemos débiles, enfermizos, propios solamente para nutrir hospitales y cárceles, les despojamos de las armas necesarias para atacar y defenderse, les limamos neciamente las uñas y los dientes, exponiéndoles a todas las degradaciones, a todas la vilezas y dolores de la miseria.

Será amargo, será brutal lo que digo, pero la realidad, la inevitable realidad de nuestra vida es más brutal y amarga todavía.

Además la culpa no es de nosotros, es de la organización social en que vivimos. Pero mientras esa organización subsista, yo creo, yo afirmo, yo sostengo que el primero de nuestros deberes consiste, al revés de lo que decimos a nuestros hijos, en no ser pobres. Del mismo modo y en la misma medida que nos avergonzamos de una enfermedad contagiosa, debemos avergonzarnos de ser pobres. Porque, ¿qué mayor enfermedad que la pobreza?

La pobreza nos hace débiles, nos hace ignorantes y rudos, nos convierte en una exhibición perpetua de fealdad e inmundicia, en un núcleo perenne de villanía y de pereza y de crimen, en un tremendo e infeccioso virus en que laten en germen todos los males, todas las lacerías.

Por ser pobres nuestros hijos crecen enclenques y enfermos, sin sangre en las venas, sin luz en la mente; por ser pobres nos vemos forzados a vender nuestro sudor a un precio cada vez más bajo, aniquilando así la incipiente rebeldía de nuestros hermanos en huelga; por ser pobres convertimos los suburbios de las grandes ciudades en un inmenso, fétido hacinamiento de harapos y desechos, y lástima, y horrores; por ser pobres miramos con bestial indiferencia el avance del pensamiento en la ciencia, el rutilar de la belleza en el arte; por ser pobres rodamos y rodamos de ignominia en ignominia hasta el hospital, o la cárcel, o el cadalso; por ser pobres toda nuestra vida afectiva y nuestra vida intelectual se encierra en el estómago, en un estómago insaciado que se queja...

Y es por eso que debemos odiar de todo corazón la pobreza, que es el más grande, el más abominable de los crímenes. ¡Si hasta creo que es el único crimen!

Y es por eso también que en hogares y escuelas, y teatros y academias, le debemos predicar a nuestros hijos, como el deber más alto de todos los deberes, el deber de ser rico a todo trance; de sacrificar todo otro pensamiento al pensamiento de evitar la verguenza de ser pobres; de correr incansables e insaciables en busca de ese tan calumniado metal, sonoro y brillante, que nos hace ricos, y al hacernos ricos nos hace más sanos, más limpios, más alegres, más generosos, más enérgicos, más grandes, más hidalgos, más intrépidos, más nobles, más bellos...



                      VOCABULARIO CONTEXTUAL



 1.Refriega= Lucha, batalla, combate, contienda.

 2.Anatemizando= Reprobando, censurando, excecrando, maldiciendo.

 3.Ensalzando= Elogiando, ponderando, encomiando, exaltando.

 4.Dentelladas=   Acto de clavar los dientes, especialmente cuando se hace con fuerza para atacar o defenderse. Mordeduras, mordiscos.

 5.Abyecto= Infame, ruin, vil.

 6.Lacerías= Pobreza, indigencia, estrechez, miseria.

 7.Rutilar= Resplandecer, refulgir, relumbrar.




martes, 10 de mayo de 2022

ÑA SAYO

 



ÑA SAYO
(Artículo de 1915) 

     Como ha estado lloviendo tanto en estos días, y no hay nada tan dulcemente evocador como la lluvia, yo he soltado mi espíritu y le he dejado en paz. Y sintiéndose suelto y en paz, mi pobre espíritu, como un viejo caballo harto de caminar, se ha ido a tender tranquilamente entre las húmedas y humildes florecitas silvestres de mis primeros recuerdos de niño.
     Y una de las visiones que ha venido, de las primeras, a ponerse delante de mis ojos, es la de un personaje de mi mundo de niño que se llamaba Ña Sayo. El otro día yo hablé de Mageño. Hoy quiero hablar también alguna cosa de la buena vieja, amiga de mamá, que lavaba la ropa en casa.
     No voy a contar nada extraordinario de Ña Sayo. Sólo voy a decir cosas pequeñas y vulgares. De esas cosas pequeñitas y vulgares de cuyo encadenamiento se va formando poco a poco, esta pequeña y vulgar cosa extraordinaria que llamamos la vida.
     Empiezo por declarar que desde que abrí los hermosos ojos a la luz embustera de este mundo, me topé con la larga, enjuta, arrugada y canosa figura de Ña Sayo, que fue, según creo, la persona que tuvo a su cargo la gloriosa misión histórica de lavarme los primeros paños. Yo le profesé enseguida una gran inclinación, porque ella era, entre todas las mujeres de mi casa, la que chillaba más al hablar. Mamá y ella sostenían a menudo acaloradas y trascendentales disputas sobre sus chapucerías de lavandera, y a mí me parecía que se acababa el mundo cuando hacía explosión y se quedaba con toda la casa la voz indignada de Ña Sayo. Estas fueron las primeras disputas humanas de que fui testigo, y debo confesar que, entre aquellas de Ña Sayo y mamá, que versaban sobre la ropa sucia, y las que hombres eminentes han sostenido luego ante mí -en el foro, en la prensa y en la cámara- sobre grandes asuntos políticos, económicos y sociales, me parecían y siguen pareciéndome más interesantes, sustanciosas y pintorescas las controversias de Ña Sayo y mamá.
     No se tome esto como alarde sarcástico de un escéptico. Es que en las disputas acaloradas de Ña Sayo y mamá, no se echaba mano -como entre los hombres eminentes- de engorrosas e imbéciles retóricas, ni había gestos y actitudes entonadas y estudiadas, ni se decían esas pedantescas, manoseadas y redondas frases de relumbrón de que tanto abusan las eminencias políticas de dentro y fuera del país.
     “Esta camisa, o este pantalón, o este calzoncillo, etc., no ha visto el jabón, y esto es un abuso de su parte, Ña Sayo, y usted demasiado sabe que cualquiera otra lavandera lo haría mejor, y yo voy a tomar una resolución...”, solía decir mamá. Oyendo lo cual, a Ña Sayo se le subía la sangre a la cabeza y daba un desaforado chillido y rompía a hablar. ¡Y quién me iba a decir entonces que esos discursos de Ña Sayo eran piezas oratorias de lo más selecto que estaba yo destinado a oír! Y era que en lo que decía ella había espontaneidad, y había sencillez, y había el colorido y el perfume naturales de un temperamento; y era que ni en su dicción ni en su más ínfimo ademán se descubría esa cursi afectación almidonada que echa a perder los más de los grandes discursos que luego he oído; y era, en fin, que en aquellos discursos, con todo y ser los de una pobresita lavandera, brillaban las cualidades excelsas de la buena oratoria, que no son otras que las que llevo enumeradas. ¡Oh, medias, calzoncillos, enaguas y pantalones, que sirvieron de fondo a las oraciones de Ña Sayo, obras de un arte oratorio, sabio y exquisito que todavía nadie ha sabido cultivar en Puerto Rico, tierra más que ninguna otra castigada por una campanuda, artificiosa, cursi, ramplona e insoportable garrulería!
     Pero está lloviendo, y mientras llueve, déjenme recordar que Ña Sayo lavaba en el Río Grande de Jayuya, junto a una gran piedra sobre la cual tendía un bambú principesco el finísimo encaje de su sombra. Y déjenme contarles que yo iba allí casi todos los días con Ña Sayo. Y mientras ella enjabonaba y lavoteaba, dándole fuertes golpes a la ropa sobre la piedra, yo, tendido cerca de ella, admiraba en silencio sus piernas (primeros misterios de un cuerpo de mujer que me pasaban por delante), y le daba conversación, y la buena vieja me contaba unos cuentos que me seducían, y entre el plácido rumor de las aguas y la voz de Ña Sayo, yo me quedaba bobo bajo la caricia inefable de aquel zumbido monótono y lento... y allá en lo hondo del alma sentía esbozarse, tímido, el capullo de mi primer amor.
     Vieja, pobre y humilde Ña Sayo: hoy, desde su pupitre, un hombresito gordo y calvo que te acompañó en el río hace ya mucho tiempo y que fue tu amiguito, te dice adiós; y al decirte ese adiós se ha conmovido tanto, y se ha sentido tan triste y tan viejo y tan miedoso de la vida, que se ha puesto a llorar...





VOCABULARIO   CONTEXTUAL





  1.Ña= Forma reducida de doña.


  2.Enjuta= Delgada, muy flaca, de pocas carnes.

  3.Chapucerías= Obras hechas sin cuidado ni perfección.

  4.Explosión= Manifestación violenta de ciertos afectos del ánimo.

  5.Pintorescas= Dícese de las cosas curiosas, atractivas, expresivas.

  6.Alarde sarcástico= Que indica, denota o implica burla o ironía.

  7.Escéptico= Que no cree o finge no creer en determinadas cosas.

  8.Engorrosas= Pesadas, cargantes, fastidiosas.

  9.Retóricas= Argumentos y lenguaje pomposo y rebuscado y/o razones que no son del caso.

10.Entonadas= Apropiadas, convenientes, oportunas.

11.Pedantescas= Que presumen de su sabiduría.

12.Manoseadas= Que han sido usadas repetidamente.

13.Redondas= Evidentes, manifiestas, palpables.

14.Relumbrón= De apariencia deslumbrante, pero de escaso valor.

15.Desaforado= Iracundo, colérico, rabioso.

16.Colorido= Carácter peculiar de algo.

17.Perfume= Esencia, naturaleza, cualidad.

18.Cursi= Que con apariencia de elegancia es ridículo y de mal gusto.

19.Afectación= Falta de naturalidad en la manera de hablar, de escribir, etc.

20.Almidonada= Dícese de las cosas compuestas con excesiva pulcritud.

21.Oraciones= Obras de elocuencia y razonamiento.

22.Campanuda= Altisonante, pomposa, ostentosa.

23.Artificiosa= Rebuscada, estudiada, fingida.

24.Ramplona= Inculta, vulgar, chabacana.

25.Garrulería= Verborrea, charlatanería, palabrería.

26.Inefable= Que no se puede explicar con palabras.

27.Esbozarse= Que surge, nace o se perfila.

28.Tímido= Apocado, cohibido, vacilante.

jueves, 5 de mayo de 2022

MAGEÑO

 




                                                           MAGEÑO

 (Fragmento del artículo de1915 Mageño)

     Yo iba en mi flocho camino arriba, por el que conduce de Ponce a Jayuya, y hacía un rato que platicaba con Mageño, el peón de mi casa que me acompañaba. Mageño era un negrito viejo que servía hacía tiempo en casa, y este Mageño hablaba poco y mal, porque apenas se le entendía, pero así y todo resultaba un agradable compañero.
     Yo no sé qué temperamento predominaba en Mageño: si el poético o el filosófico, pero lo que sí sé decir es que no era un ente vulgar y que jamás aburría ni empalagaba como tantos hombres ilustres que he conocido. Yo le quería mucho, porque, en dándole unos centavos para hacer parada en cada ventorrillo del camino y echarse al coleto un buen trago, me dejaba entretener en lo que yo quisiera, y no se preocupaba de si llegábamos o no llegábamos al término del viaje. Esta blanda condición de Mageño no la apreciaba yo bastante todavía, porque aún no había tenido ocasión de pesar, comparar  y juzgar a los hombres, pero ahora que me doy cuenta de que aquella su propensión a hacer más caso de mí, un simple muchacho que iba para el colegio, que de papá, su principal, quien le daba instrucciones precisas y severas concernientes al cuidado y vigilancia de mi persona, era cosa extraordinaria que le daba derecho a una honda admiración. Preferir someterse a los caprichos de un muchacho, antes que a los mandatos del señor padre del muchacho que le podía castigar y reventar, acusaba una personalidad tan firme, tan independiente y simpática, que estoy por decir que el primer grande hombre que me eché a la cara en este mundo fue aquel negrito viejo, medio poeta y medio filósofo, que servía en mi casa y solía acompañarme en mis viajes.
     Mageño sentía profundamente la poesía de los ventorrillos, esos modestos y solitarios ventorrillos que se alzan en las orillas de nuestros caminos, y a cuyo mostrador, lleno de moscas, y de migajas de bacalao, y de olor a cebolla y a ron, es tan grato arrimarse cuando se va de viaje. Al tercero o cuarto ventorrillo que visitábamos, ya Mageño salía de su ensimismamiento habitual, y sus ojos despedían fulgores de inteligencia y de inspiración, y su paso perdía la rigidez pesada de una marcha monótona y larga de peón, para hacerse gracioso y oscilante como un vuelo de guaraguao herido.
     Y al quinto y al séptimo ventorrillo, ya el tambaleo de Mageño era tan pintoresco como el de un barco en alta mar, y de sus ojos fosforescentes salía un chorro de luz de misterio. Y aunque yo no bebía con él, porque he sido siempre, por deficiencias de organización, inepto para los ritos excelsos de Baco; aunque yo no bebía con él, por mis nervios de artista incipiente corría una sensación tal de gozo, de bienestar y también respeto y devoción a la tambaleante figura del noble viejo ebrio, que, muchacho y todo como yo era, y por lo tanto bruto, me rebelaba a creer vituperable y fea la borrachera aquella, y sin saber por qué, me daba cuenta de que aquellos momentos de embriaguez de Mageño eran los más grandes y bellos momentos de su humilde y oscura existencia de bestia de carga.
     Parientes a granel tenía yo que no bebían, ni rompían un plato, y de los cuales todo el mundo me decía bien; y, sin embargo, andando por aquellas soledosas breñas  del camino de Jayuya a Ponce, yo me dije a mí mismo más de una vez, con espanto, que yo llevaba a Mageño borracho más adentro en mi sangre y mi corazón que a todos mis amantes y amados parientes. Mageño olía a ron, es verdad, y andaba sucio, haraposo y descalzo; pero también olía a verdad, a selva, a natualeza, a hombre. A hombre que todavía llevaba mal la albarda odiosa de la disciplina; a hombre en que todavía un sordo instinto salvador se revela a ser máquina.





VOCABULARIO      CONTEXTUAL




  1.Ponce= Es el segundo municipio más grande de Puerto Rico tanto  en extensión territorial así como de mayor población fuera de la zona metropolitana de San Juan.

  2.Jayuya= Pequeño pueblo situado en la Cordillera Central en los 18°13′00″N 66°34′00″O.

  3.Flocho= Jamelgo, penco, chongo. Caballo malo, flojo, desgarbado.

  4.Ventorrillo= Pequeño establecimiento comercial generalmente en las afueras de una población.

  5.Coleto=  Interior de una persona.

  6.Echarse al coleto=Comer o beberse algo.

  7.Blanda= Benigna, condescendiente. Benévolo, falto de severidad.

  8.Propensión= Inclinación, tendencia de una persona hacia lo que es de su gusto o naturaleza.

  9.Reventar= Causar gran daño a una persona.

10.Acusaba= Que manifestaba determinadas características.

11.Que me eché a la cara= Que se topó o se encontró con alguien.

12.Poesía= Cierto encanto indefinible que tienen las cosas y que halaga y suspende el ánimo.

13.Fulgores= Destellos, atisbos, indicios, asomos.

14.Guaraguao= Ave rapaz muy abundante en la zona de la Cordillera Central de Puerto Rico.

15.Fosforecentes= Brillantes, resplandecientes.

16.Baco= Es el dios griego del vino.

17.Vituperable= Que merece que se diga mal de ella por viciosa o indigna.

18.A granel= En abundancia.

19.Soledosas= Desiertas, faltas de compañía.

20.Breñas= Tierras quebradas entre peñas y pobladas de maleza.

21.Albarda= Pieza principal del aparejo de las bestias de carga. Gualdrapa,

22.Sordo= Que no hace caso a las persuaciones, consejos o avisos.

23.Máquina= Persona que ejecuta las acciones sin deliberación, de manera inconsciente.





miércoles, 27 de abril de 2022

NUESTRA FUERZA

 



                                              NUESTRA FUERZA

 (Fragmento del artículo de 1922 (¡Dios y Hormiga!)



     ¿Le parece a usted que por el hecho que el Presidente representa “al gobierno más poderoso del mundo” no nos toca sino sufrir y callar, no importa cuál sea el desaguisado que se le ocurra cometer contra nosotros? Está bien que seamos prudentes y que no busquemos camorra por motivos baladíes y que, como chiquitos y humildes que somos, agotemos nuestra capacidad de resistencia antes de proceder a mayores.
     Pero, no tratándose de ninguna clase de lucha armada, ¿qué nos importa que el adversario mida un pie o mida una milla de estatura?
     Toda su fuerza física es impotente contra nosotros, como es impotente un elefante contra una hormiga. Nuestra lucha no se desenvuelve en el plano físico de las bayonetas y los cañones, sino en un plano superior donde nuestra misma pequeñez bien explotada se convierte en un tremendo factor de pujanza.
     Me dirá usted quizá, con socarrona sonrisa escéptica, que el pez grande se come siempre al chiquito grite o no grite, y ahí están para probarlo Nicaragua, Cuba, Santo Domingo, etc. Muy bien, pero fíjese en que nosotros hemos sido tragados ya, desde el punto de vista internacional. Estamos ya dentro del monstruo, formamos parte de su masa y organización, y ya se sabe que no hay coloso alguno en el mundo que no salte y ruja de dolor cuando una sola célula de su cuerpo se encalabrina y se pone a chillar.
     Y esa es la cuestión para nosotros: saber chillar, saber chillar a tiempo y bien.
     ¡Callarse y sobrellevar con paciencia las flaquezas del prójimo cuando el prójimo tenga un garrote en una mano y un machete en la otra! No y no. Con esa moral se convertiría esto en una letrina y sería abominable.





 VOCABULARIO CONTEXTUAL





1-El Presidente= Se refiere al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

2.Desaguisado= Agravio, denuesto, acción descomedida.

3.Camorra= Riña o pendencia.
  
4.Baladíes= De poca importancia y aprecio.

5.Impotente= Que carece de poder y fuerza para ejecutar una cosa.

6.Pujanza= Fuerza grande para ejecutar una acción.

7.Socarrona= Astuta, disimulada y con burla encubierta.

8.Escéptica= Que no cree o finge no creer en determinadas cosas.

9.Nicaragua= Invadida por los Estados Unidos en 1911.

10.Cuba = Intervenida militarmente por los Estados Unidos en 1899.

11.Santo Domingo= República Dominicana= Invadida por los Estados Unidos en 1905.

12.Coloso= Persona o cosa que, por sus cualidades, sobresale en gran manera entre los demás.

13.Ruja= Que se manifieste con gritos y protestas.

14.Encalabrina= Que se excita e irrita y causa turbación.

15.Letrina= Dícese de los lugares sucios y asquerosos.

16.Abominable= Digno de ser aborrecido.






viernes, 22 de abril de 2022

BRONCE ARECIBEÑO

 



                                                 BRONCE  ARECIBEÑO

                                    (Artículo de 1916 Bronce Arecibeño)


     Bravo mar. Furibundo, ululante, desgreñado, epiléptico; loco y trágico mar de Arecibo. Y frente a él, muchas calles, muchas casas, muchas vidas humanas que comían, que dormían, que morían: actores inconscientes de la lenta, larga, fatigosa tragedia del vivir. Y del fondo gris de este cuerdo, mudo, laborioso hormiguero humano -trágico sin saberlo y sin quererlo- se destacó un día él, Víctor Rojas, hombre humilde, hombre pobre, hombre negro, pero hombre de tan fina sensibilidad, de tan espléndida contextura física y moral que, sintiéndose asfixiar dentro del marco de la vida lenta y hacendosa de sus prójimos, ahitos de una cordura equivocada y trágica, saltó una tarde, retozando, sobre el lomo nervioso del mar; y la emoción de peligro y de liberación que el monstruo le brindó fue de un sabor tan raro, tan intenso, tan grato para su alma selecta, que perdió para siempre toda su discreción de buen hombre (de buen hombre amarrado con garfios a su pan, a su casa, a su azada o su hacienda, a su prole, a su nombre, cosas todas de sombra en un mundo de bruma), y, desde entonces se volvió poeta. Poeta de bronce, poeta de la acción que, hambriento de belleza y ebrio de eternidad, se peleaba con el mar y le adoraba. Diariamente él y el mar se embestían, se arañaban, se insultaban, se escupían, se maltrataban, se robaban. Pero a cada aletazo y a cada bramido y a cada escupitajo del mar, la sangre del poeta se sentía aliviada, casi alborozada por el vago instinto muy recóndito de saberse dándole a su vida una actuación y orientación más alta, más humana, más noble y más cuerda que las que marcaron el ritmo de las otras vidas discretas y lentas que en el hormiguero pusieron su afán en la empresa sórdida, pero loca y trágica, de amarrarse con garfios a una tierra que se come el garfio y a la mano también que lo ha clavado.
     Pues bien... Ya en la vejez, cuando al héroe no le quedaba más savia que dar, porque toda la había derrochado en su poema de robarle náufragos y más náufragos a su novia la mar, del hormiguero humano salió una voz glacial de un honrado buen hombre que denunciaba al héroe, poeta y santo de una infracción legal; y a esta voz de buen hombre respondió otra voz más glacial todavía, pues salía de la toga de un correcto juez, y esta voz de este juez condenó al cíclope a la tortura horrenda de multa y de cárcel. Y el santo héroe y poeta que salió siempre ileso del abrazo epiléptico del mar, se volvió loco de dolor cuando sintió que resbalaba, por las líricas cuerdas de sus nervios, la viscosa sensación repugnante de una secreción de cerebro curial. Y pasó a un manicomio; y de allí al cementerio... Y un poquito después, cuando el héroe dormía, las humanas hormigas hacendosas le levantaron una estatua, en torno de la cual continúa aún la espantosa tragedia del comer, del roncar, del medrar, del juzgar, del morir...





VOCABULARIO    CONTEXTUAL




  
1.Bronce= De color más o menos moreno. Ser robusto e infatigable.

 2.Arecibeño= Gentilicio de los originales de la ciudad de Arecibo, Puerto Rico.
  
3.Bravo= Alborotado y enfurecido. Impetuoso.
  
4.Furibundo= Airado, colérico, iracundo; muy propenso a enfurecerse.
  
5.Ululante= Que brama, que da gritos o alaridos.
  
6.Desgreñado= Enmarañado, revuelto, embrollado, desordenado.
  
7.Epiléptico= Convulso, crispado, perturbado.
  
8.Loco= Disparatado e imprudente. Que excede en mucho lo presumible u ordinario.
  
9.Victor Rojas=  Héroe popular de origen humilde, nacido en el siglo XIX. Marino de profesión; según la historia salvó a varios náufragos, por lo cual fue condecorado por España e Inglaterra. Murió loco, en la cárcel.

10.Ahitos= Repletos, hartos, muy llenos.

11.Garfios= Dícese de las cosas que tienen la capacidad para asir, aferrar o adherir a otras.

12.Sombra= Figuración, conjetura, apariencia.

13.Bruma= Confusión, ofuscación, espejismo.

14.Ebrio= Vivamente poseído de una pasión.

15.Embestían= Que se acometían con ánimo hostil.

16.Savia= Energía, elemento vivificador.

17.Derrochado= Dado con generosidad, desprendimiento, liberalidad.

18.Poema= Dícese de las acciones que por su encanto indefinible halagan y suspenden el ánimo.

19.Glacial= Fría, desafecta, indiferente.

20.Cíclope= Gigante, coloso, titán.

21.Líricas= Aplícase a lo que tiene inspiración en donde  predominan los sentimientos y emociones. 

22.Viscosa= Babosa.

23.Repugnante= Desagradable, repulsiva, detestable.

24.Curial= Perteneciente a los que trabajan en la administración de justicia.

25.Medrar= Mejorar uno de fortuna aumentando sus bienes.