martes, 14 de junio de 2022

Riqueza y Pobreza VII

 

Octavo de una serie de nueve artículos sobre el tema.



¿Cómo abaratar el dinero? Puesta la fe en Dios y encomendándome de todo corazón a la dama de mis pensamientos, me cuelo de rondón en los dominios del dinero, y acometo la descomunal aventura de dar contestación a esta pregunta.


¿Cómo abaratar el dinero? Yo creo -aunque no entiendo ni quiero entender pizca de economía, ¡esa presumida pseudociencia pasada de matar!-, yo creo que para abaratar el dinero, lo mismo que para abaratar cualquiera otra cosa de este mundo, lo primero que hay que hacer es tratar de que la producción sea igual o superior al consumo. Una vez logrado eso, el precio tiene que bajar forzosamente. 

¿Qué sucede con respecto a la producción del dinero? Pues sucede que la producción del dinero puede ser tan copiosa como se quiera, toda vez que el dinero es un mero signo convencional inventado para la comodidad de los hombres, y para este signo convencional lo mismo podemos valernos del oro o la plata u otro metal cualquiera, que de trozos de cuero o de hojas de yagrumo.

¿Y cómo se explica que a pesar de la facilidad de producción -facilidad mayor que la que tenemos para cualquier otro artículo de consumo- el dinero se torna cada día más huraño, más arisco, más caro, al extremo de que hay que reventarse para llegar a tener un puñado?

La respuesta es inevitable. Puesto que el dinero se produce y se puede producir más profusamente que el agua, y puesto que la mayoría de los hombres no tenemos dinero, ¡alguien se está quedando o se nos ha quedado con todo el dinero! ¡Alguien acapara y monopoliza tan indispensable artículo! ¡Alguien nos roba algo que es, que no puede menos de ser de todos porque es agua, porque es aire, porque es pan, porque es sangre, porque es alma, porque es alegría, porque es sol, porque es todo en la vida, porque es la vida misma palpitando dentro de nosostros hecha sangre, hecha nervio, hecha instinto, hecha emoción, hecha idea!

¿Y quién comete ese terrible hurto, ese inmenso despojo? ¿Dónde están esos hombres, esas fieras, esos monstruos que acaparan y se roban esa sagrada, esa inviolable, esa divina cosa que se llama la vida?

Pues ahí verán ustedes lo extraño del caso: esos mortales afortunados que han llegado por azares del destino a repartirse el dinero, no son tales fieras; ni siquiera son malos en la mayoría de los casos, y tan no lo son, que yo, que soy incapaz de matar una pulga,estoy haciendo y seguiré haciendo todo lo posible por ser uno de ellos.

Esos hombres cuando vinieron al mundo se encontraron con una sociedad tan estúpida que permitía y hasta exigía para subsistir ella misma, que los hombres se pudieran despojar unos a otros, del dinero, esto es, de la vida, y, ¡es claro!, obligados a optar entre la riqueza y la pobreza, se dicidieron por la riqueza... y a Roma por todo. ¿Hay algo censurable en la conducta de esos hombres? No; lejos de censurarlos yo encuentro -después de detenerme un momento a pensar sobre ello- que fue ciertamente un sano instinto el que dentro de ellos se rebeló a ser pobre. ¡Pues no faltaba más que condenarse uno ciegamente a sí mismo y condenar a sus hijos y a los hijos de sus hijos al andrajo, a la pringue, a la llaga, a la ignorancia, al crimen!


¿De quién es, pues, la culpa de que, mientras el dinero se pudre de ociosidad en unas cuantas cajas, esa legión de horrores que se llaman la pringue, y el andrajo, y la llaga, y la ignorancia, y el crimen, se repartan triunfantes el mundo?

La culpa es de todos y de nadie; la culpa es de este monstruoso, abominable sistema social en que vivimos. Si hay alguien, pues, que quiera darse el lujo y el gustazo de pelear como David contra un monstruo, yo le convido a disparar su honda contra la actual Sociedad, conta la actual abominación que se llama Estado, sea monarquía, sea república; sea aristocracia, oligarquía o democracia.

Pero -se me volverá a preguntar-, ¿puede el Estado evitar que se cumpla esa ley natural que condena al inferior, al inepto, al indolente, al vago, al pródigo, al ignorante, al cobarde, a ser despojado por el apto, esto es, por el hombre-lobo, por el hombre-fuerza? En otros términos: ¿puede el Estado -siendo como es el dinero cosa tan bella y por lo tanto tan codiciable- impedir que los hombres se peleen sin cesar por su conquista?



VOCABULARIO    CONTEXTUAL



1.Colarse de rondón= Entrar sin llamar ni pedir permiso. Colarse.

2.Huraño= Esquivo, huidizo, arisco.

3.A Roma por todo= Se usa para dar a entender que se acomete con ánimo y confianza cualquier empresa, por ardua que sea.

4. Pringue= Mugre, porquería, suciedad.

5.Llaga= Daño que se sufre por una desgracia.






miércoles, 8 de junio de 2022

Riqueza y Pobreza VI.

 






Séptimo de una serie de nueve artículos sobre el tema.



Se me dirá también que sin pobres, esto es, sin máquinas de trabajo, no podremos vivir ni unos ni otros, ni ricos ni pobres.

Y yo diré a esto que me alegro que sea en nuestro propio bolsillo donde radique la garantía de la vida de los pobres. ¡Es tan firme la garantía del bolsillo!

Más, siendo así que los pobres han de seguir existiendo, ¿cómo realizar el milagro de desembarazarnos de la pobreza sin acabar con los pobres? ¿Cómo curar la pepita sin matar la gallina? ¿Cómo salvarnos de la hidrofobia sin matar el perro?

Yo creo que la cosa no es tan difícil como a primera vista parece. Lo único que la ha hecho hasta ahora inasequible es la ignorancia de los hombres, fuente maldita de donde brotan todos los prejuicios que nos afligen.  Además, nos ha mantenido alejados siempre del fondo de la cuestión, la manía que padecemos de oscurecer los problemas más claros, envolviéndolos en la niebla de un doctrinamismo filosófico que todo lo envenena y lo echa a perder.

De un lado y de otro, en el campo de la cachazuda burguesía adinerada, y en el campo adversario del propletariado hambriento, se ha perdido mucho tiempo en baldíos tiquismiquis de enrevesada dialéctica sobre si la propiedad es o no un derecho inalienable, sobre si tenemos o no tenemos derecho a los frutos de nuestro trabajo,  y cien mil zarandajas más de esa calaña.

La manía que tenemos de creer que no se puede dar un paso en la vida sin pedirle el santo y seña a un principio abstracto cualquiera, religioso o metafísico, la inaudita obstinación que hemos puesto siempre en creer que los hombres venimos a este mundo a servirle a los principios, cuando en realidad los principios los hemos inventado nosotros, ha tenido la culpa de que hayamos marchado tan despacio en esto de percatarnos de la facilidad con que podríamos, si quisiéramos, curarnos la sarna de la pobreza.

Resolvamos la cuestión con el sano criterio de la conveniencia de cada cual, con el sano criterio de una juiciosa ama de casa cuando manda a la plaza por la compra, y veremos qué fácil, qué sencillo se nos vuelve. ¿Queremos que los pobres dejen de ser foco perenne de inmundicia, de violencia, de fealdad y de crimen? Pues abaratemos el dinero tanto como el agua de la pluma. ¿Por qué nos esmeramos en proveer a todo el mundo de agua haciendo que ésta llegue hasta el más miserable tugurio? Porque la voz de nuestro propio interés ns dice que si falta el agua nos exponemos al horror de una epidemia.

Hagamos, pues, lo mismo con el dinero. No permitamos por nada del mundo que se estanque, que se quede quieto; hagamos que corra, hagamos que se esparza jubiloso como un riego bienhechor por todas partes y nos salvemos de la pobreza, que es la peor, que es la madre de todas las epidemias.

No sigamos cometiendo la insigne majadería de empeñarnos en abaratar los artículos de primera necesidad -pan, bacalao, azúcar, etc.- mientras dejamos que el dinero, el artículo de primera necesidad por excelencia, el más indispensable para la salud del cuerpo y del espíritu, se estanque estérilmente, sin beneficio para nadie, en la caja bien repleta de algunos millonarios.

¿De qué vale -¡oh, estúpidos gobiernos de todas partes!- que pogáis tanto empeño en ofrecernos pan o azúcar o bacalao baratos, si, por otra parte, no ponéis ningún empeño en proveernos de dinero para comprarlos? ¿Qué le importa a quien tiene vacío el bolsillo que una libra de pan o de azúcar o de carne valga tanto más cuanto?

Es evidente, pues, que lo primero que tenemos que abaratar -antes que el pan, que el bacalao y que el agua- es el dinero, ya que sin dinero no hay pan, ni bacalao, ni agua, por muy baratas que estas cosas sean.

Pero -¡aquí viene lo gordo!-, ¿cómo abaratamos el dinero? ¿Cómo hacemos que el dinero corra como el agua del acueducto.




VOCABULARIO     CONTEXTUAL




1.Desenbarazarnos= Retirarnos, quitarnos, excluirnos.

2.Fondo de la cuestión= Meollo o parte esencial de la cosa.

3.Doctrinarismo filosófico= Se usa para indicar que se presta más atención a las ideas o doctrinas que a su aplicación en la práctica.

4.Cachazuda= Lenta, apática, parsimoniosa.

5.Burguesía= Clase social formada por las personas acomodadas que tienen propiedades y capital.

6.Proletariado= Clase obrera, trabajadora, que sólo tiene prole.

7.Baldíos= Estériles, infructíferos, improductivos.

8.Tiquismiquis= Discusiones frecuentes sin motivos.

9.Enrevesada dialéctica= Se usa para indicar que se ha sustituido el método científico por una retórica difícil de comprender.

10.Zarandajas= Cosas de poco valor o importancia.

11.Calaña= Índole o naturaleza de una cosa.

12.Majadería= Hecho necio,poco oportuno o molesto.

13.Lo gordo= Lo más grande o más importante que lo normal.






viernes, 3 de junio de 2022

Riqueza y Pobreza V

 

Sexto de una serie de nueve artículos sobre el tema.



Mi última pregunta era: "¿Qué haremos para extirpar la llaga de la pobreza?"


A primera vista, parece cosa difícil el hallar una respuesta, pero, luego que se piensa en ello, acabamos por encontrar la cuestión tan simple y tan minúscula como un grano de anís.

¿Qué remedio emplear contra la pobreza? ¡Pues la riqueza! Ya ven ustedes cómo eso se le pudiera ocurrir al mismo Juan Bobo.

Sí, amigos míos, la pobreza, con su inevitable y siniestra escuela de insalubridad, de ignorancia, de fealdad y de crimen, no se cura con sermones, ni con sistemas de gobierno, ni con instituciones democráticas, ni con asilos y hospitales, ni con huelgas de obreros para lograr un aumento transitorio de salario, ni con prédicas y odas sobre la gran virtud del trabajo, ni con ningún otro paliativo o música celestial por el estilo. La pobreza, señoras y señores, se cura con una sola cosa: ¡con el dinero! ¡con el vil dinero!

Mientras una legión de apóstoles cejijuntos del proletariado aúllan contra la riqueza y los ricos, y piden que, todos nos volvamos pobres, yo, admirador de los ricos y enamorado de la riqueza, pido que todos nos volvamos ricos.

¿Sabemos que la causa única, directa o remota de nuestras vilezas, de nuestras traiciones, de nuestras violencias, de nuestros crímenes, y hasta de nuestras enfermedades, es la pobreza? ¡Pues acabemos con la pobreza! ¿Cómo? Persiguiéndola, atacándola, disparándole sin tregua como hacemos con las epidemias.

Yo propopndría, como remedio único para purgar el mundo de los horrores que hoy nos afligen, que dejáramos reducidos el Código Penal a un solo artículo en el cual se castigase con penas atroces -con la pena de muerte, si fuera preciso- el delito de andar por la calle sin llevar una suma decente en el bolsillo.

Algunos se reirán de esto considerándolo como una salida mía. Pero yo me desquito de esa risa, riéndome a mi vez de la candidez que revela el creer que la justicia de hoy difiere mucho en el fondo de la justicia mía. ¿Qué hace la justicia de hoy -esa justicia inútil que nos cuesta un ojo de la cara- sino amontonar penas y más penas para castigo de rufianes, ladrones y asesinos? ¿Y qué son esos ladrones y tramposos y asesinos sino pobres e hijos de pobres?, ¿qué son todos sino enfermos de la dolencia atroz de la pobreza?, ¿qué hace, pues, la justicia de hoy sino pasarse la vida consagrada a la estéril tarea de mandar pobres y más pobres a la cárcel, al presidio y al cadalso?

Se me dirá que hay ricos también que algunas veces se corren hasta dar con sus cuerpos en la cárcel o la horca.

Pero, ¿quién ignora que toda regla tiene sus excepciones y que una golondrina no hace verano?

Si sabemos que todos los crímenes son como un fermento de la levadura de la pobreza, ¿a qué viene atacar el fermento si dejamos subsistir la levadura?, ¿a qué esperar que el pobre mate o robe, o cometa cualquier fechoría semejante para castigarle? ¿A qué esperar, cruzados de brazos, que el crimen se realice? ¿Qué es la justicia de hoy sino un acto de estéril venganza, puesto que sabemos que nada remedia, puesto que viene siempre después de hecho el daño, después de perpetrada la hazaña delictiva del rufián o asesino?

Si sabemos que un perro está hidrófobo, ¿no cometeríamos una terrible locura esperando, para librarnos de él, hasta que haya mordido una o más veces?

Pues si hemos de castigar siempre en el pobre lo que sólo es una consecuencia inevitable de su pobreza, ¿a qué esperar que robe o mate para atarle codo con codo y mandarle a un presidio?

¿No sería más sensato reducirlo a prisión, como propongo yo, por el mero hecho de ser pobre, con lo cual evitaríamos el daño que iba a causar su delito, y nuestra justicia -nuestra cruel justicia- tendría al menos la disculpa de no ser estéril como lo es hoy?

-Pero es que nadie tiene la culpa de ser pobre- se me dirá.

Y yo diré que tampoco tiene el leproso la culpa de su lepra, y sin embargo, lo mandamos sin escrúpulos a un islote, y allí lo aislamos para siempre del resto del mundo. Tampoco tiene el perro la culpa de su rabia, y lo matamos sin contemplaciones.

Tanto en un caso como en otro, procedemos fríamente, humanamente, y la pena que aplicamos tiene el noble fin de salvarnos de un horrible contagio. Nuestra acción en ambos casos no va acompañada, como en los procesos judiciales, de ceremonias y ritos feroces e inicuos: nos defendermos sencilla y brevemente, sin ningún alarde cruel, de un ataque, de un peligro. En cambio cuando hoy encarcelamos o matamos, lo hacemos no para evitar un daño, sino para castigar, esto es, para proporcionarnos el salvaje placer de vengarnos de un daño ya irremediable. Véase, pues, la enorme diferencia entre ambas cosas.


                                          VOCABULARIO    CONTEXTUAL


1.Llaga= Daño o infortunio que causa pena, dolor y pesadumbre.   

2.Música celestial= Palabras elegantes e innecesarias o promesas vanas.

3.Proletariado= Clase social compuesta por trabajadores, normalmente, de origen humilde cuya única posesión es su prole.

4.Purgar= Quitar lo malo, peligroso o dañino de una cosa.

5.Salida= Dicho agudo u ocurrencia.

6.Se corren= Que se apartan.

7.Hidrófobo= Que padece de hidrofobia (rabia).

8.Inicuos= Injustos, perversos, ignominiosos.






lunes, 30 de mayo de 2022

Riqueza y Pobreza IV

 

Quinto de una serie de nueve artículos sobre el tema



Considerando, pues, al pobre como un peligro o calamidad pública o, para decirlo mejor, como la causa de todos los peligros y calamidades, ¿es sentado, es prudente que sigamos considerando su pobreza como cosa suya, exclusivamente suya, con la cual nada tenemos que ver, como no sea para mostrarnos compadecidos con arreglo al Catecismo, y para nutrir y entretener su pobreza con una degradante limosnita misericordiosa?


¿Quiénes son los que exhiben pústulas y horrores en los hospitales? ¿Quiénes son los tributarios únicos del código penal? ¿Quiénes los que roban, falsifican y pelean, y matan incesantemente, dándole ocupación constante a jueces, esbirros, fiscales, alcaides, verdugos? ¿Quiénes los que, hacinados en los suburbios de las ciudades, esparcen a los cuatro vientos la simiente horrenda de cada epidemia? ¿Quiénes los sucios, los tristes, los rencorosos, los que se quejan, y piden y acechan, y asaltan en cada sombría encrucijada? ¿Quiénes los que han hecho peligroso hasta el amor, porque por medio del amor transmiten el contagio terrible de abominables dolencias desde el lupanar hasta un hogar limpio y honrado, y hasta los palacios de los poderosos?

No hay más remedio que contestarme siempre, que son siempre los pobres.

¿Se quiere mejor prueba de que el problema de la pobreza es un problema de sanidad como el problema de la viruela y la fiebre tifoidea?

¿Dejamos a los variolosos y a los tifoideos que ellos mismos se curen, conformándonos con tirarles desde  lejos el hueso de una beatífica limosnita?

No. Al enfermo de viruela o de tifus le cogemos por el cogote y lo bañamos y lo curamos, por la cuenta que nos trae, y si no lo podemos curar, lo matamos sin andarnos con chiquitas. ¡Y es que el miedo hace milagros! ¡Es que el mejor conocido agente de actividad y de progreso social es el miedo!

Por el miedo, pues, y no por sentimientos y principios filantrópicos que todo el mundo finge respetar, pero que todo el mundo manda a paseo cuando llega el momento, por el miedo, repito, llegaremos a hacer con los pobres lo que hacemos con los apestados de todas clases: los agarraremos por el cogote, y los bañaremos y los curaremos a viva fuerza de la abominable llaga de su pobreza... y al que no podamos curar lo mataremos sin andarnos con melindres. Y lo más bonito de todo ello será que, al que tengamos que matar, porque se resiste a ser rico, lo mataremos serenamente, humanamente, sencillamente, sin el terrible ceremonial de la justicia de hoy, sin llenarnos la boca diciendo que ejemplarizamos o moralizamos o castigamos en nombre de la ley como decimos hoy cada vez que, por miedo o por venganza, cometemos una gran salvajada judicial.

Pero -se me dirá-, ¿cómo vamos a deshacernos de los pobres?, ¿cómo vamos a resolver el milagro de extirpar de raíz toda pobreza? Y yo diré que tan morrocotuda pregunta merece una morrocotuda contestación, y que esta morrocotuda contestación merece otro morrocotudo palique...



VOCABULARIO    CONTEXTUAL



1.Sentado= Sensato, reflexivo, prudente.

2.Pústulas= Hinchazón que se produce en la piel debido a la acumulación de pus.

3.Esbirros= Hombre que, a cambio de dinero, realiza las acciones violentas o amenazas que se le ordenan.

4.Lupanar= Prostíbulo, burdel.

5.Sanidad= Salubridad. Estado general de la salud pública en un lugar determinado.

6.Varioloso= Que padece viruela.

7.Cogote= Parte superior y posterior del cuello donde se une con la cabeza.

8.Andarse con chiquitas= Usar pretextos o subterfugios para esquivar una obligación.

9.Manda a paseo= Desentenderse o prescindir de algo.

10.Apestados= Que padecen la peste.

11.A viva fuerza= Violentamente, con todo el vigor posible.

12.Andarnos con melindres= Escrúpulo excesivos en acciones, gestos o palabras.

13.Morrocotuda= Extraordinariamente bueno o grande en intensidad, dificultad o importancia.





jueves, 26 de mayo de 2022

Riqueza y Pobreza III

 

Cuarto de una serie de nueve artículos sobre el tema.


Decía yo que nuestro organismo social tiene en la sangre un virus infeccioso, causa de la ignorancia, causa de pestilencia y de crímenes.


Pues bien, ese virus no es otro que la pobreza. Basta detenernos a pensar un solo instante para convencernos de ello. Son los pobres, son los enfermos del terrible virus de la miseria, los que nutren sin cesar hospitales y cárceles.

Siendo esto así, yo quiero que se me diga si no es una tremenda estupidez el creer que es a los pobres a quienes únicamente afecta el problema de dejar de ser pobres, esto es, el problema de ser causa y raíz de todas las lacerías humanas, de todos los males que llenan el mundo.

Yo digo que es a los ricos, a los poderosos, a los privilegiados de todo género, a los que incumbe, no por principios filantrópicos más o menos nebulosos, sino por egoísmo, por puro egoísmo, la tarea de ir borrando de la tierra la mancha horrible de la miseria. ¿De qué vale tener una fortuna, haber triunfado en la refriega social, haber escalado las más altas cumbres de la riqueza o la gloria, si nada de eso nos libra de vivir en un mundo que es un inmenso lapachar donde tenemos por fuerza que cubrirnos de lodo hasta los ojos? ¿De qué vale que consagremos a la conquista del millón redentor toda una vida, si, mientras más millones acumulemos, más acosados, más perseguidos nos hemos de ver por la siniestra legión de los enfermos, de los leprosos, de los brutos, de los criminales? ¿No sacrificarían los ricos la mitad de su riqueza a cambio de poder gozar en paz de la otra mitad en un mundo curado para siempre del cáncer espantable de la ignorancia, madre de la violencia, abuela de los crímenes?

Y ya es hora de decir que no se combate la pobreza con esa ñoña caridad de reglamento que levanta hospitales y asilos y hace de cuando en cuando una limosna. No se combate la sarna, no se combate la viruela, no se combate la lepra, ayudándolas a vivir con obras de misericordia; se combaten persiguiéndolas, se combaten matándolas.

No se combate la pobreza, sino acabando con el pobre, y no se  acaba con el pobre llevándole en mananda a hospitales y cárceles y ayudándole con limosnitas irrisorias de misericordia a seguir siendo pobre.

Si se pudiera acabar la pobreza matando a los pobres, a lo Herodes, yo no vacilaría en aconsejar ese procedimiento como más en armonía con la barbarie de nuestro actual estado social; pero además de que el remedio no nos curaría sino temporalmente, porque pronto volveríamos a llenarnos de pobres, es seguro que los ricos, los mismos ricos, serían los primeros que habrían de combatir con uñas y dientes contra esta matanza draconiana que les dejaría privados de un golpe del brazo de los pobres, del sudor de los pobres, de esa máquina humana más barata y más cómoda que ninguna otra máquina.

Tenemos, pues, que no podemos matar a los pobres. Y si no podemos matar a los pobres, ¿qué recurso, qué remedio, qué fórmula emplear para librarnos de la pobreza?

El remedio es bien sencillo.

De la misma manera que cuando vemos a un individuo con síntomas de viruela o de fiebre amarilla o de peste bubónica, consideramos nuestro negocio, y no el suyo, alarmarnos hasta volvernos locos por temor del contagio, y le mandamos aislar y le buscamos un islote o un rincón cualquiera lo más distante posible para que los médicos se entiendan con él y lo despachen cuanto antes, y una vez muerto, seguimos considerando nuestro negocio -y no el de la familia del finado- el pegarle fuego a la casa y a la ropa y hasta al recuerdo del muerto; de la misma manera que en ocasiones semejantes consideramos nuestro mejor negocio, nuestra más apremiante y respetable necesidad echarnos sobre el apestado y tratar por todos los medios a nuestro alcance de combatir en su persona la infección iniciada, creo yo que debemos acostumbrarnos a ver en la pobreza un mal -no para los pobres- sino para todos, los pobres y los ricos, con lo cual vendríamos pronto a quedar convencidos de que el mejor negocio para los ricos y los sanos y los poderosos consiste en no permitirle a nadie el crimen de ser pobre, como no le premitimos a nadie el crimen de andar suelto por la calle atacado de viruela, o de vómito, o de lepra, o de rabia.




VOCABULARIO    CONTEXTUAL



1.Lacerías= Pobreza, indigencia, estrechez, necesidad, miseria

2.Lapachar=  Terreno cenagoso o excesivamente húmedo.  

3.Ñoña= De poca sustancia, apocada, reducida.

4.Irrisorias= Insignificantes por pequeño.

5.Draconiana= Relativo a Dracón, legislador de Atenas cuyas leyes eran excesivamente severas.


lunes, 23 de mayo de 2022

Riqueza y Pobreza II

 

Tercero de una serie de nueve artículos sobre el tema.



En mis anteriores paliques quedamos en que, considerando el dinero como una síntesis donde cabe todo lo que posee algún valor en la tierra, yo me espantaba de que hubiera nadie que predicase que hay algún mérito en ser pobre.


No tengo más remedio, para ser consecuente conmigo mismo, que espantarme también ante este absurdo y abominable Sistema Social que nos rige.

Se funda nuestra actual sociedad en la explotación de todos por unos pocos, sin beneficio real para nadie. Millones y millones de hombres en todo el planeta trabajan y sudan y se privan de todo, hasta de lo más elemental, para engordar a una docena de privilegiados en cada país, que ni siquiera se dan cuenta del privilegio de que disfrutan. Y yo me distingo de la mayor parte de los que tratan con un sentido humano y liberal esta cuestión, en que, lejos de renegar y maldecir de los que gozan el privilegio de que todo les sobre mientras a los demás todo les falta, lejos, repito, de echar pestes contra estos privilegiados, les alabo y les aplaudo por ello, y hasta confieso sin rubor que si me viera en el duro trance de tener que apechugar con un cargamento de millones, no los soltaba después aunque llovieran sobre mí todos los sermones y diatribas de la tierra. Sí, yo creo que hacen muy bien los ricos en arramblar con todo lo que puedan al amparo de una sociedad que lo consiente y hasta lo premia.

No es malo -¡qué ha de ser!- tener muchos millones. Ya he dicho yo que lo único malo, lo único criminal, es ser pobre. El dilema es éste; o se es pobre, o se es rico; o se es explotado o explotador; o se es cordero o se es lobo. La elección no es dudosa, al menos para mí. Sépase bien, que entre los dos papeles, el de cordero indefenso y resignado y el de lobo, elijo sin vacilar este último: me delaro lobo, y lobos serán -si ha de depender de mí- ¡mis hijos y mis nietos! Pero el hecho de que yo no diga nada contra los ricos y contra los lobos, no significa, como pensará alguien, que yo esté conforme con el actual sistema social, que consagra todas sus actividades a la defensa del rico contra el pobre.

No es por sentimentalismo, por pura compasión del pobre, que debemos tratar de renovar lo existente y poner en su lugar otra cosa. Es por egoísmo, es por la conveniencia de todos, es por amor a la salud y a la estética del mundo que debemos suprimir a los pobres, ya que de éstos procede toda la suciedad, toda la peste, toda la maldad esparcida sobre el globo.

Nos pasamos la vida fabricando escuelas para extingir la ignorancia; dictando leyes y más leyes sanitarias para extinguir la enfermedades; estaleciendo y sosteniendo cárceles y tribunales, y pagando un costosísimo ejército de funcionarios -jueces, fiscales, policías, alcaides, verdugos- para extinguir los criminales.

Y sin emargo, cada día los males combatidos aparecen más numerosos, más fieros; y la brutalidad, y la enfermedad, y el crimen se reparten, invencibles, el imperio del mundo.

Y es que, con respecto de los males sociales enumerados, procedemos de la misma manera que ciertos médicos malos con respecto a las dolencias orgánicas.

Se le queja uno a ciertos médicos de que se le ha empezado a cubrir el cuerpo de tumores, y el médico sale recetando enseguida emplastos y lavatorios para cada tumor, como si la enfermedad radicase en la piel y no en la sangre.

Y la sociedad hace igual. Escuelas por aquí, sanidad por allá, cárceles y tribunales y esbirros y verdugos por todas partes para combatir la ignorancia, las enfermedades, los crímenes, sin tener en cuenta que todas eses cosas no son más que síntomas, tumores, manifestaciones de un virus infeccioso que radica, no en la superficie, sino en la esencia, en la sangre, en la médula misma del organismo social.



VOCABULARIO   CONTEXTUAL


 1.Apechugar= Cargar con alguna obligación o circunstancia ingrata o no deseada.

 2.Diatriba= Discurso o escrito violento e injurioso contra personas o cosas.

 3.Arramblar= Despojar, desvalijar, escamotear, arrebatar.

 4.Cordero= Persona dócil, manso, apocado.

 5.Lobo= Hombre despiadado, implacable, feroz.

 6.Esbirros= Los que se dedican profesionalmente a ejecutar las órdenes violentas de una autoridad.






viernes, 20 de mayo de 2022

¡El dinero!

 

Segundo de una serie de nueve artículos sobre el tema.


                                                           ¡El dinero!


No creo que sacamos nada con sentir, o simular que sentimos, el santo horror del dinero. Es más, yo creo que amar el dinero es lo mismo que amar la vida. Porque, ¿qué es la moneda sino un símbolo convencional que hemos adoptado para facilitar el intercambio y disfrute de todos los productos de la naturaleza y de la industria humana? ¿Qué es la moneda sino un símbolo con que en el comercio humano nos representamos todos los valores de la tierra?

Por el dinero asistimos a una fiesta, entramos en un teatro; por el dinero comemos, vestimos, nos aseamos y educamos y pulimos; por el dinero columbramos y tocamos los arcanos de la ciencia y los cielos del arte... ¿Qué es la moneda, pues, sino una inmensa fórmula suprema que encierra y compendia cuanto hay de grande, cuanto hay de sano, cuanto hay de noble, cuanto hay de bello; todo lo que puede significar nutrición y vigor para los cuerpos y solaz y emoción y alegría y éxtasis para las almas?

Pero conste que hay una enorme diferencia entre mi amor al dinero y el amor del avaro o usurero.

En mi amor por el dinero resplandece mi amor por la vida, por las cosas que ennoblecen y embellecen la existencia; en el amor del avaro, por el contrario, no existe ni el más leve destello de un solo anhelo natural y humano.

Para mí, el dinero es un signo, un medio, un camino. Para la pobre y estúpida alimaña avariciosa, el dinero es un fin, algo que tiene valor per se, algo con cuya mera posesión está contenta, aunque todo lo demás le falte.

Ambos, el avaro y yo, adoramos el becerro de oro, pero, mientras el avaro -y con el nombre de avaro designo yo a todo aquel que se roba realizaciones de anhelos a sí mismo para meter dinero en la caja-, mientras el avaro traduce su oración al becerro en un estéril rezo, yo traduzco la mía junto al becerro, saltándole encima y mandándole que me lleve a todas partes.

Y es precisamente por el aprecio que yo hago del valor inmensurable del dinero, que protesto y me rebelo con todas mis fuerzas contra el actual sistema social que permite neciamente que unos pocos, unos cuantos piratas rapaces, o unos cuantos hijos de piratas, o unos cuantos memos, protegidos por el ciego azar, nos roben todo el dinero, es decir toda la vida, es decir toda la crema de las cosas de este mundo.

No hay para que salirme diciendo que hay cosas -la inteligencia, el valor, la integridad, la bondad, el arte, la belleza y muchas más- que están por encima del dinero. En eso, yo, vil adorador del dinero, voy más lejos que nadie. No sólo creo que esas -las más altas cualidades del espíritu- están por encima del dinero, sino que creo que hasta una gota de agua, una hoja de yagrumo, un huevo de gallina, un hijo o una uva, cualquier cosa, en fin, vale mucho más que una onza de oro. La onza en sí nada vale; es un signo, un símbolo, y los símbolos ya se sabe que -aparte del valor que hemos querido que representen- real y positivamente valen menos que un comino.

Pero es precisamente por el respeto y el amor que yo les tengo a esas cosas en que la naturaleza reparte sus dones y de los cuales el dinero es símbolo, que yo insisto en predicar mi credo de amor a la riqueza, y aborrecimiento mortal a la pobreza. ¡Pero es que hasta me parece una monstruosidad abominable que a nadie se le diga que es bueno ser pobre; esto es, no comer, no vestir, no estudiar, no pasear, no meditar, no vagar, no sentir, no amar; no poder imprimir a nuestro paso la orientación apetecida; no poder cultivar por dentro y por fuera, como se cultiva una flor, nuestra propia personalidad; no poder ser dueños de nosotros mismos ni una hora ni un minuto; no poder arder como las mariposas en el perenne y colosal incendio de la vida... ¡ser siempre, siempre, por los siglos de los siglos, una pobre bestia resignada que trabaja y sufre!



VOCABULARIO    CONTEXTUAL



 1.Columbramos= Divisar desde lejos una cosa, sin distinguirla bien. Entrever, vislumbrar.

 2.Arcanos= Misterios, enigmas, secretos recónditos.

3.El becerro de oro= Según la Biblia, era un ídolo para adorar que  crearon los israelitas cuando Moisés subió al monte Sinaí.

 4.Memos= Estúpidos, tontos, simples.

 5.Ciego azar= Suerte, fortuna, casualidad.

 6.Valen menos que un comino= Se usa para significar algo de escasa importancia.