martes, 31 de mayo de 2016

LA EPOPEYA DE YUDENITCH: NUEVA Y RUIDOSA CAIDA DE PETROGRADO






LA EPOPEYA DE YUDENITCH:
NUEVA Y RUIDOSA CAIDA DE PETROGRADO
(Artículo de 1919)




     Ahora sí que cae. Ahora sí que va de veras lo de la toma de Petrogrado. Esto era lo que decía todo el mundo cuando la gran factoría de bolegramas de Helsingfors volvió a hacer circular por el mundo el estrepitoso anuncio de que el gran Yudenitch, a la cabeza de un formidable ejército cosaco, había salido a conquistar Petrogrado. Y hasta los más incrédulos se rindieron cuando la Asociada nos comunicó poco después que oficialmente se había dado al público en la Bolsa de París la sensacional noticia de que, por fin, la ciudad pontifical del bolshevismo se había rendido. ¡Qué de alborozo, qué de grandes letreros deslumbradores en los periódicos gordos cuya alma de tocino está toda en los anuncios...!
     ¡Por fin! ¡Por fin! bajo los cascos épicos de los piafantes caballos y al resplandor de las redentoras bayonetas cosacas, iba a florecer, en el suelo de la ciudad imperial, el dulce, el arcádico, el inefable reino de abundancia, de paz, de fraternidad, de dicha que, bajo el amparo protector de la Ley y del Orden, reserva la democracia occidental, nuestra alba y pura y limpia democracia (véase el caso de Hungría) a los pueblos arrancados al yugo del odiado bolshevismo.
     Y se celebraron concilios, y se nombró al que había de ser Gobernador de la ciudad rendida, y se hizo la lista de los funcionarios principales del nuevo gobierno; y hasta se calculó lo que, en bien de la felicidad de los habitantes libertados, había de hacérseles pagar incontinenti en forma de un impuesto especial para el ejército libertador.
     Pero, apenas habíamos tenido tiempo de saborear este nuevo condumio, otra vez tenemos que apechugar con la dura realidad, la que, en lugar de la toma de Petrogrado, nos presenta ¡ay! a esta ciudad muerta de risa al presenciar, no ya la derrota, sino ¡el copo y la captura, por el ejército rojo, del propio ejército del gran Yudenitch!
     ¿Hasta cuándo nos seguirán tomando el pelo esos fabricantes de noticiones aposentados en Helsingfors? ¿Y cómo el mundo tolera por tantísimo tiempo que los grandes diarios le engañen sistemáticamente con tan cínico menosprecio de la verdad?
     Lo que acaba de pasar con Yudenitch no es más que la repetición, aunque en una forma más sensacional, de la epopeya de Koltchack. Todos los días se nos anunciaba que Koltchack avanzaba con irresistible empuje sobre los desmoralizados y aterrados bolsheviques, que iban de retirada en retirada. Pero luego resultó que había habido un pequeño error de información... que en realidad el que no había ganado para sustos y retiradas desde que comenzó la campaña era Koltchack. Pero las tragaderas del público son infinitas. Ya veréis cómo antes de quince días se nos prepara otra bola y nos la volvemos a tragar. Y si esto sucede con noticias de operaciones miltares de tal calibre ¿qué no ocurrirá con las noticias --menos fáciles de comprobar-- que se han hecho circular profusamente acerca de las fechorías bolsheviques? Si el mundo fuera nada más que un poco sensato ¿qué crédito le iba a dar a estos informes propagados por gentes cuyo colosal cinismo les permite todos los días convertir las retiradas en avances y al capturado en capturador?
     Estokolmo y Helsingfors, los dos grandes hornos donde se fraguan los noticiones antibolsheviques son hoy, prácticamente rusa la una y alemana la otra. En la primera, en Estokolmo, residen los principales miembros de la nobleza, plutocracia y burocracia de tiempos del zar, grandes señores feudales todos, que no se resignan de ningún modo a la pérdida de sus enormes privilegios sobre las tierras y las almas de Rusia. Y en la segunda, en Helsingfors, tenemos instalados, por obra y gracia de las bayonetas alemanas, a los malhechores más sanguinarios que hubo jamás sobre la tierra. ¡Y es a estos dos centros de información a los que hemos dado la delicada y trascendental misión de enterar al mundo de lo que pasa hoy en Rusia!




VOCABULARIO




  1,Yudenitch= Nicolái Nicoláyevich Yudénich (1862-1933)= Militar ruso, uno de los líderes del Movimiento Blanco durante la Guerra Civil Rusa. Dirigió las fuerzas antibolsheviques del Báltico y comandó sin éxito un avance sobre Petrogrado (hoy San Petersburgo) con el apoyo británico.

  2.Petrogrado= Ciudad rusa fundada por el zar Pedro el Grande en 1703. Entre 1924 y 1991 fue conocida como Leningrado y a partir de entonces como Petersburgo.

  3.Factoría de bolegramas= Se usa en reemplazo de cablegramas para indicar con sarcasmo que en lugar de noticias se producen "bolas", es decir, mentiras, rumores falsos o infundios.

  4.Helsingfors= Helsinki= Ciudad capital de Finlandia.

  5.Estrepitoso= Aparatoso, ostentoso, pomposo.

  6.Asociada= Prensa Asociada= Agencia de noticias estadounidense fundada en 1846.

  7.Ciudad pontifical del bolshevismo= Fue en Petrogrado donde se vieron los primeros movimientos de la Revolución Rusa y en donde se destituyó al zar Nicolás II y se instaló un gobierno provisional.

  8.Arcádico= Idílico, paradisíaco, ideal.

  9.Condumio= Comida.

10.Apechugar= Afrontar, aceptar, consentir.

11.Noticiones= Noticias sensacionalistas o poco dignas de crédito.

12.Koltchack= Alesandr Vasilievich Kolchak (1874-1920)= Militar ruso que dirigió durante la Guerra Civil Rusa el movimiento antibolshevique conocido como Movimiento Blanco.

13.Tragaderas= Facilidad de creer cualquier cosa.

14.Bola= Ver núm. 3.






viernes, 20 de mayo de 2016

EL IMPERIALISMO EN LA CHINA






EL IMPERIALISMO EN LA CHINA
(Artículo de 1919)



     El nuevo embajador nombrado por el Japón para representarle en los Estados Unidos ha hecho un discurso hace poco en el que ha tocado, aunque de soslayo, la cuestión de Shantung. Por la Prensa Asociada sabemos que el nuevo Embajador japonés ha dicho: "El Japón iniciará negociaciones con China para la devolución a este país de la soberanía política y territorial de Shantung, veinticuatro horas después que sea ratificado el Tratado."
     Fíjese el lector que este cuco Embajador no dice nada de las concesiones económicas de que goza el Japón en Shantung. ¿Y qué vale la soberanía política sin la soberanía económica? ¿De qué vale que le devuelvan a China la cáscara de la naranja dejando en manos del Japón toda la pulpa? ¿Quién ignora que el dueño de un país no es el que lo gobierna ostensiblemente desde un palacio, sino el que posee y maneja sus fuentes de producción?
     Bueno es fijarse bien en este asuntito de las diferencias entre el Japón y la China, porque en él encontramos a la mano, a poco que escarbemos, descubrimientos muy curiosos e instructivos.
     Se ha hablado mucho en el mundo acerca de la debilidad de los Poderes aliados al permitirle al Japón se tragara bonitamente un pedazo de China. Y para explicar esta debilidad, se ha alegado que hubo que ceder a las exigencias del Japón para lograr su adhesión a la Liga de Naciones. Pero de lo que nadie ha hablado una palabra en la prensa grande es, precisamente, de lo que constituye el nudo y la clave de todo el embrollo.
     ¿Han olvidado ustedes aquello de las "esferas de influencia" que la diplomacia mundial barajaba tanto antes de la guerra? Pues bien, en estas "esferas de influencia" es que encontramos la madre del cordero. Las grandes naciones de Europa se habían ido introduciendo en China y apoderándose de ella por medio de las consabidas esferas. Estas grandes naciones fueron por consiguiente las primeras en dar comienzo al proceso de engullirse a China. Alemania llegó retrasada al banquete, y al apoderarse de Shantung no hizo más que seguir el ejemplo que hacía muchos años le estaban dando Inglaterra y Francia. ¿Cómo pedirle, pues, al imperialismo francés e inglés que rechazase las demandas japonesas en Shantung, poniéndose en peligro ellos también de soltar sus presas?
     Un mapa de China donde estuviesen marcadas las susodichas esferas de influencia que poseen en este país Inglaterra, Francia y el Japón, nos convencería en seguida de que todo el Celeste Imperio, a excepción de cuatro provincias, está bajo el domino extranjero. La esfera inglesa se extiende desde el Tibet al Oeste hasta los mares del Este: ésta es la más grande de las esferas extranjeras. La esfera del Japón abarca a Korea, Shantung, Manchuria y la isla de Formosa. La de Francia cubre dos provincias importantes que colindan con Indo-China. Las tres potencias juntas tienen, pues, bajo su dominio, casi la mitad de China, de acuerdo con tratados muy correctos y elocuentes en que lo único que falta es el consentimiento de la China.
     Ahora se espera de nosotros, los espectadores neutrales de estos negocitos, que creamos de buena fe en la posibilidad de que estos tres imperialismos juntos, tan luego como se reúnan fraternalmente en el seno de la Liga de Naciones, le habrán de hacer "justicia" a China en el asunto de Shantung, cuando se ratifique el Tratado de Paz. Pero para creer en la posibilidad de este milagro habría que olvidar que esta promesa que el Embajador japonés le hace ahora a China, es la misma que le hizo Inglaterra a Egipto, sin embargo de las cuales tanto Korea como Egipto se encuentran ahora bajo las bayonetas de las potencias prometedoras.
     Además, ¿cómo va uno a creer que así como así el Japón ha de ser tan tonto que entregue esa tajada de Shantung a la China dejando al mismo tiempo al imperialismo de las otras dos potencias aliadas en posesión pacífica de sus dos enormes "esferas" en China? Precisamente, si el Japón se hizo una potencia imperialista, armándose hasta los dientes, fue a causa del peligro que para ella representaba la expansión del imperialismo inglés y francés en Asia. Para el Japón no había más que uno de estos dos caminos, o esperar resignada la suerte misma de los chinos, o apresurarse a convertirse en un poder imperialista ella también.
     El problema de China es el mismo de todos los pueblos débiles del mundo. Su única esperanza está en sí misma y en la fuerza que pueda desarrollar para luchar con los explotadores extranjeros, sin prestar oído a las falaces promesas de una diplomacia solapada y embustera que ha hecho del arte de la mentira una profesión. Para poner fin a estos gatuperios, a esas rapiñas internacionales que constituyen tan corruptor espectáculo para las generaciones jóvenes, no queda otra esperanza que la del despertar de los trabajadores del mundo, que son los que han prestado la sumisa espalda para que sobre ellos se alce, voraz y sanguinario, el monstruo del imperialismo mundial. Este imperialismo no es francés, ni inglés, ni americano, ni japonés, ni alemán. Es de todas partes, y se disfraza en todas partes con el color nacional más conveniente, pero ya es sabido que para él no existen naciones, ni hombres, ni principios, sino mercados donde cebarse y hombres ignorantes que, al conjuro de un himno patriótico cualquiera, se presten a matar y a dejarse matar en la conquista de dichos mercados.




VOCABULARIO




  1.Liga de Naciones= Conocida también como Sociedad de Naciones fue un organismo internacional creado por el Tratado de Vesalles, el 28 de junio de 1919. Fue disuelta tras finalizar la Segunda Guerra Mundial siendo sucedida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

  2.El nudo y la clave= La principal dificultad y la idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático.

  3.La madre del cordero= Par indicar la razón real de un hecho.

  4.Gatuperios= Embrollos, intrigas, chanchullos.





martes, 10 de mayo de 2016

LAS VICISITUDES DE KOLTCHACK






LAS VICISITUDES DE KOLTCHACK
(Artículo de 1919)



     Si hubiera necesidad de una pueba más para convencer a los más incrédulos de la campaña colosal de mentiras cablegráficas que se ha venido llevando a cabo sistemáticamente para engañar al mundo en todo cuanto afecta a los asuntos de Rusia, ninguna mejor que la que nos proporciona el caso del gran Koltchack.
     Este gran Koltchack se nos presentaba como el ídolo del pueblo ruso, que iba a salvar a su patria de los horrores del régimen bolshevique. Se nos decía que era un perfecto tipo de gobernante demócrata y se nos garantizaba que era su empuje tan irresistible que sólo tardaría unas semanas en llegar victorioso hasta Moscow. Y diariamente se nos obsequiaba con noticias de estupendas victorias en que las tropas de Lenine aparecían sufriendo pérdidas y más pérdidas de hombres y bagajes y corriendo como liebres perseguidas por el héroe inmaculado.
     Pero, como mientras más vuelo se le trataba de dar artificialmente al héroe (y a los empréstitos para el héroe en Francia, Inglaterra y Estados Unidos) más y más feos se iban poniendo los asuntos del héroe en el campo de batalla, al fin no se pudo más seguir tapando el cielo con la mano y ahora empiezan, de una manera intermitente, brusca y bufa, a saberse pedacitos de verdad.
     De lo poquito que se sabe resulta ahora que el héroe en lugar de avanzar retrocedía, que en lugar de pegar se le pegaba y que en vez de estar tocando ya en las puertas de Moscow ha ido a parar, de retirada en retirada, hasta Vladivostock.
     Y eso que el héroe tenía en sus manos recursos extraordinarios. Hombres, dinero, víveres, material de guerra: todo lo que la fuerza combinada de las grandes potencias que se llaman Francia, Inglaterra, Italia, Japón y Estados Unidos puede significar. Y frente a él, los soldados improvisados de los bolsheviques, que no sólo no tenían auxilio alguno del exterior, sino que al contrario, sufrían estoicamente el bárbaro suplicio del bloqueo que viene hace tiempo condenando a los horrores del hambre a los ancianos, mujeres y niños del trágico pueblo.
     Pues bien, el milagro que hicieron un tiempo los soldados franceses que defendían las ideas republicanas contra la Europa coligada, parece que se ha repetido, magnificado ahora. No obstante la increíble desigualdad de la lucha, el amor a la libertad a inflamado de tan prodigiosa manera estas huestes desnudas y hambrientas de la revolución, que ya hemos visto cómo ante ellas las formidables máquinas de guerra de tantas naciones fuertes se han ido desmoronando una tras otra. Algún día, cuando esta crisis sanguinaria y reaccionaria haya pasado del todo, no faltará un Homero que nos narre esta nueva, sublime epopeya.
     Cuanto a los sentimientos demócratas de Koltchack, cedemos la palabra  a "L 'Humanité" de París, periódico radical, pero nada adicto al bolshevismo:

"Siempre ha estado en el Poder, ha encarcelado a los mensheviques (socialistas moderados) indistintamente con los bolsheviques. Ha suprimido toda la prensa de oposición, ha destruido todas las uniones obreras y fusilado a innumerables trabajadores. A los miembros de la Asamblea Nacional (la misma que fue disuelta por Lenine) encarceló a todos los que pudo atrapar y fusiló a dos de los más conspicuos. Puesto que por confesión de los mismos Bowrtseos y Savinkovs (agentes de Koltchack), no hay hoy otra alternativa que entre Koltchack y Lenine, entre la reacción y el bolshevismo, nos declaramos por Lenine, y al escoger el último, seguros estamos de que pensamos de acuerdo con todos los demócratas de Rusia. Aun aquellos que son enemigos de los bolsheviques preferirían sin duda alguna "la dictadura del trabajador" a la sanguinaria y brutal dictadura militar de los Koltchack y los Krasnovs".

     ¡Oh, el gran Koltchack! Era ídolo del pueblo ruso, según la prensa jingoísta, y resulta que hasta entre la misma gente campesina de Siberia se le odia mortalmente, como lo prueban las deserciones frecuentes y enormes que viene sufriendo. En cambio, los bolsheviques, que según esa misma prensa, eran abominados por el pueblo y sólo se sostenían a fuerza de bayoneta, gozan de tal arraigo en la opinión, que bajo su bandera se agrupan ya todos los rusos de todas las denominaciones --con la sola excepción de los miembros de la antigua clase gobernante-- y sólo así se explica que hayan podido resistir el bloqueo y el ataque armado de tantas naciones. Y ahora viene bien preguntar: después que el pueblo ruso en masa ha demostrado tan firme adhesión al nuevo régimen de los "Soviets", ¿es necesario ser bolshevique para condenar la torpe intromisión en los asuntos intestinos de Rusia que viene practicándose en el Museo Arqueológico de Versalles? ¿No basta ser demócrata de veras para sentir indignación ante esa tortuosa política de Santa Alianza que se empeña en hacerle tragar, a cañonazos, a más de cien millones de seres humanos, la repulsiva restauración zarista encarnada en los Koltchack, Denikin y compañía? Nosotros, que fuimos a la pelea con Alemania sólo "con el fin de asegurar el mundo para la democracia"... ¡bonita clase de democracia es la que estamos implantando en alianza fraternal de bloqueo y de cañón con los archiduques de Austria y los cosacos rusos! No; si no hubiera para nuestros hijos la vislumbre de otra democracia, habría que renegar tanto de la que conocemos, que sin vacilar nos haríamos feroces absolutistas y por todo el resto de la vida viviríamos predicando, como única norma posible de conducta para con nuestros semejantes, el culto, más o menos disfrazado, del medro personal, a base de ganzúa, de garrote y puñal.



VOCABULARIO



  1.Koltchack= Aleksandr Vasilievich Koltchack (1874-1920)= Militar ruso, caudillo del movimiento antibolchevique conocido como Movimiento Blanco durante la Guerra Civil Rusa que dirigió en Siberia un gobierno opuesto al de Lenín desde noviembre de 1918 a febrero de 1920.

  2.Brusca y bufa= De manera repentina, grotesca y burda.

  3.Jingoísta= Partidario de la patriotería exaltada y que propugna la agresión contra otras naciones.

  4.Denikin= Antón Ivánovich Denikin (1872-1947)= Militar ruso, fue uno de los principales líderes del contrarrevolucionario Movimiento Blanco.

  5.Ganzúa, garrote y puñal= Las herramientas en vez de las acciones; robo, violencia y traición.






sábado, 30 de abril de 2016

LA PAZ SI, PERO...






LA PAZ SI, PERO...
(Artículo de 1919)



       Por fin...
    Por fin, después de una eternidad de tanteos y avances y retrocesos y réplicas y contraréplicas, el tira y afloja del tratado con Alemania ha llegado a su fin. Ya era tiempo. Ya no quedaba nadie que no estuviera fatigado de tanto ir y venir y de tanto teje y desteje a puerta cerrada --o a puerta entreabierta-- de la gran diplomacia rapante de los viejos tiempos, representada una vez por los Tres y otra vez por los Cuatro o por los Cinco.
     Los Grandes Tres (The Big Three), los Grandes Cuatro, los Grandes Cinco... ¿No es verdad que por muy candoroso e inclinado al optimismo que uno sea, esto de los formidables poderes de vida y muerte para todo el género humano que han venido manipulando a cencerros tapados los Tres o los Cuatro o los Cinco grandes faquires de las Conferencias (o conciliábulos) de la Paz es cosa para rascarse la cabeza una y otra vez en señal de honda perplejidad, malestar y ansiedad? ¿Cómo ahuyentar de la mente las sombras --terriblemente sarcásticas para nuestras ilusiones democráticas-- de aquellos famosos triunviratos --Pompeyo, César y Craso; Antonio, Octavio y Lépido-- que, con todo y haber sido árbitros de los destinos del Gran Imperio Romano, no alcanzaron jamás a tener en las manos ni la mitad siquiera del poder de nuestros Grandes Tres, Grandes Cuatro o Grandes Cinco de hoy?
     Pero, menos mal, menos mal si la labor de estos triunviros de ahora ha de perdurar como testimonio granítico de su buena voluntad y amplitud de visión. Buscamos, indagamos, consultamos opiniones de los espíritus superiores de todas partes... Y lo que hemos visto y oído en estos días de ansiosa expectación nos movería ciertamente a risa, si no fuera porque es tanta la tristeza y tanto el dolor de este momento en el mundo, que para sonreir siquiera sería preciso poseer la insensibilidad de un caimán. ¡Oh la paz, la paz! ¡Alemania vencida, atada, derribada en tierra con la rodilla vengadora del gran Foch encima!...

El Tratado de los puntos

     Fuí aliado furibundo. Allá en Puerto Rico, mi terrón nativo, cuando estalló la guerra, mucho antes de intervenir los Estados Unidos (intervención que operó el milagro de convertir en pro-aliados a los pro-alemanes de la noche a la mañana) fuí de los primeros en salir a declarar, a gritar desaforadamente, en discursos y artículos, mi fervorosa exaltación en pro de la causa, tan bella, de Francia, de Bélgica, de Inglaterra, de Italia. Luego saltó a la palestra Wilson, con sus magníficos Estados Unidos, proclamando que terciaba en la refriega con el propósito "de salvar al mundo para la democracia" --una nueva, honda, humana, verdadera democracia-- y mi entusiasmo subió tanto que llegué a las fronteras mismas del energumenismo...
     Creo, pues, que sin peligro de sospecha de germanofilia, puedo ahora pronunciarme abiertamente en contra de ese Tratado, tan contrario, no sólo a los hermosos principios establecidos en los célebres catorce puntos de Wilson, sino a todas las declaraciones suyas que hemos venido leyendo en las varias obras de su pluma que corren por el mundo traducidas a todas las lenguas.
     "Abajo los grandes armamentos que constituyen un peligro constante para la paz del mundo"... decía el apóstol. Y en efecto, nunca pesó sobre los pueblos aliados una más formidable y más costosa armazón militar que la que deja en pie y sanciona el dichoso tratado.
     "Estamos satisfechos y orgullosos de luchar por los derechos de las naciones, las grandes y las pequeñas, y por el privilegio de los hombres de toda la tierra de escoger su propio modo de vida y obediencia"... "Self determination (auto determinación) para todas las razas oprimidas, es nuestra divisa frente al militarismo alemán"... Y en efecto, no sólo las razas oprimidas que ya había en el mundo (coreanos, irlandeses, judíos, indios, africanos, chinos) se han quedado como estaban, sino que su número se agiganta a partir del tratado. Siete millones de alemanes son sometidos de golpe y porrazo al yugo extranjero. Y un número mucho mayor de chinos --más de treinta millones-- es entregado sin misericordia al voraz imperialismo japonés, allá en Shantung. Y al pueblo de Austria, que casi unánimemente se manifestó deseoso de unirse a Alemania, se le condena a renunciar para siempre a toda unión. Y a los millones y millones de almas rusas que en su propia tierra decidieron confiar sus destinos a un régimen nuevo de democracia social, no sólo no se les reconoce su derecho a establecer su propio gobierno en la forma que mejor les cuadre, de acuerdo con el principio de "self determination" tantas veces proclamado, sino que se les combate a sangre y fuego y se trata de que truequen su comunismo de hoy, aceptado ya por todos los partidos rusos liberales aun los más moderados, por la dictadura brutal de un Koltchak, militarote idólatra del vodka y el látigo, a quien la misma prensa imperialista no se atreve a defender sino muy tímidamente del cargo que se le hace de ser sólo una grotesca proyección del Czar, que únicamente podrá gobernar en Rusia protegido por las bayonetas extranjeras.
     "No habrá reparto de pueblos, de masas humanas, entre los vencedores, como botín de guerra"... clamaba el profeta. Y en efecto, ahí están todavía los vencedores disputándose las presas, un pedazo por aquí, otro por allá, y todos mostrando tal afán codicioso de ser cargados "con las graves responsabilidades que apareja el título de mandatario", que ni los niños de teta se tragan ya esa nueva hipocresía internacional forjada para enmascarar la vieja rapacería del imperialismo.
     "Abajo las barreras económicas que hacen a unos pueblos feudatarios de los otros y perenne simiente de extorsiones y discordias"... Y en efecto, nunca ha sido tan grande el afán de levantar murallas proteccionistas que, por impedir la libre circulación de los víveres y demás artículos de primera necesidad, significan el ayuno para muchos, el hartazgo para unos pocos y el desquilibrio económico para todos.
     "Libertad de los mares"... En efecto, nunca estuvo tan segura como ahora en un solo bolsillo la llave de los mares.
     Pero ¿a qué seguir la angustiosa enumeración de contradicciones? Baste decir que la misma prensa imperialista de las grandes naciones ha declarado que la paz es dura, aunque agregando que más dura hubiera sido la impuesta por Alemania, como si esto fuera una disculpa propia para hacerla valer entre gentes de este siglo.

Las dos actitudes, la vieja y la nueva

     Y de esto es precisamente que conviene decir dos palabras. Ante el espectáculo de una nación vencida en guerra, yo no comparto, pero me explico, la actitud del vencedor que le pone encima la rodilla y le dicta los más crueles y humillantes términos. Es la vieja actitud de Tamerlán, la de Atila, la de todos o casi todos los héroes históricos. Ojo por ojo, diente por diente… Está bien. “Si me vences, soy tuyo, pero si te venzo, eres mío, completamente mío.” Tal para cual. Dos fieras. El hombre primitivo proyectando su enorme mandíbula implacable por encima de los siglos. Los instintos ancestrales de venganza surgiendo, triunfando e imponiéndose otra vez… Está bien. El espectáculo es atroz, pero de un salvajismo tan sencillo, tan virginal, tan diáfano, que nos hace temblar, pero no nos tortura el cerebro.
     Y concibo también, y comparto, la actitud contraria, la del hombre consciente, reflexivo, evolucionado, que al inclinarse sobre el cuerpo del vencido, en homenaje a sí mismo y a la civilización que representa, domeña sus impulsos y sólo piensa en ofrecerle al mundo en que vive el bello y saludable espectáculo cristiano de la magnanimidad, de devolver bien por mal.
     He ahí las dos actitudes opuestas bien definidas. La de los primitivos de un lado, la de los reflexivos del otro. La primera basada en los instintos animales de la fiera humana; la segunda basada en un anhelo fuerte de superación de la pobre bestia ancestral, mal encadenada dentro de nosotros. Amamos la segunda actitud y le temblamos a la primera, pero las comprendemos las dos…
    
Los invertebrados

     Lo que sí no comprendemos ni comprenderemos nunca es la doble actitud, invertebrada, de los que proclamándose adictos a la segunda y horripilados de la primera, ni se atreven a ser feroces del todo en franco holocausto a la salvaje tradición de la fuerza, ni tampoco hallan en sus adentros fervores de humanidad suficientes para atreverse a tratar fraternalmente al vencido, inaugurando, con actos y no con palabras, el imperio del bien y de la paz sobre la tierra. Un chacal devorando en plena selva su presa, nos podrá espantar pero no indignarnos, a poco que recordemos su innata, y por lo tanto irresponsable, fiereza. Pero un hombre que, al mismo tiempo que descuartiza al vencido, hace aspavientos de piedad e improvisa arengas y plegarias de paz y justicia y amor a sus semejantes… ¿a quién no escandaliza y subleva?
     Pues bien, esto último es lo que acabamos de presenciar, esto último es el bello tributo que le hacen a la cultura de su tiempo los triunviros de las Conferencias.

Brest-Litovsk

     ¿Se acuerdan ustedes de Brest Litovsk? ¿Se acuerdan de la ola de indignación que corrió por el mundo cuando se supo lo que a la Rusia vencida le imponía la feroz y golosa diplomacia prusiana? Vociferó Clemenceau, rugió Lloyd George, fulminó Wilson su más sonoro anatema… Bien. Pues lo que hicieron entonces, en plena vesania guerrera, los autócratas teutones contra sus enemigos inermes, lo hemos hecho, después del triunfo y ya en plena paz, los demócratas aliados, no ya contra nuestros enemigos los déspotas alemanes, sino contra el nuevo gobierno alemán hijo de una revolución que, alentada por nosotros mismos, derrotó al Káiser y a su gente, “nuestros únicos enemigos” según declaró Wilson repetidas veces. En aquel tratado de Brest-Litovsk que nos indignó tanto no hay nada que pueda superar la dureza terrible del que acaba de firmar Alemania. Esta nación queda por virtud de ese nuestro flamante tratado, despojada de sus colonias, despojada de las tres cuartas partes del hierro y de una tercera parte del carbón de sus minas, obligada a suministrar a Francia y Bélgica una gran parte de este poco hierro que le queda, juntamente con sulfatos, amonios y otros elementos esenciales de su industria, despojada también de todos sus barcos mercantes de gran calado y de una parte considerable de los pequeños en que hacía su tráfico doméstico, constreñida a poner todas sus maquinarias y plantas propias para la construcción de barcos a la disposición de los aliados durante cinco años, y encima de todo esto y de la pérdida de grandes porciones de su territorio, obligada a pagar una suma colosal como indemnización de guerra. En resumen, no se ha omitido nada de lo que pueda contribuir a la ruina total de la industria y comercio alemanes durante varias generaciones.
     Pero –dicen algunos, muy pocos por suerte—es que si Alemania hubiera vencido hubiera sido aún más dura con nosotros. Lo asombroso de esta disculpa tan pedestre no es que se haga, sino que la hagan precisamente los grandes hombres, los Clemenceau, y Lloyd George que en su soberbia asumieron el tremendo papel providencial de arregladores del universo. ¡Que Alemania nos hubiera tratado peor!... ¿Y qué? Aún suponiendo la posibilidad de que hubiera sido más dura, cosa difícil, ¿no habíamos quedado en que no éramos de la misma pasta cruel y sanguinaria de los agresores y que por eso mismo merecíamos la simpatía universal? ¿No habíamos quedado en que la venganza, por muy disfrazada de justicia que la pongamos, es sólo una reliquia de los tiempos bárbaros que es necesario extirpar de raíz para que el mundo se empiece a curar del viejo mal de violencia que padece? ¿Es que el hecho cierto de que “si el tigre me hubiera alcanzado me habría comido”, justificaría en mí la resolución de comerme al tigre? ¿No fuimos al campo proclamando que íbamos a hacerle la guerra a la guerra para establecer de verdad un nuevo orden social sobre la base del principio cristiano de la fraternidad universal? Pues bonita manera de comenzar a crear ese nuevo orden. En lugar de dar por muerto el pasado, olvidando el daño que nos hicieron a cambio de que se olvidara también el que nosotros hicimos, única liquidación posible de nuestro averiado caudal histórico, levantamos el palo y nos entregamos sobre el cuerpo derribado del vencido a un festín de reparto de despojos…
     ¡Y si siquiera hubiera sido al Káiser y a su círculo a quien castigábamos! Pero no; era a gentes infelices –hombres, mujeres, niños—que habían tenido tanto que ver con la guerra como nosotros los del lado de acá. Eran gentes infelices a quienes sus amos llevaron a la carnicería de los campos de batalla, o embaucados con la idea de que hacían una guerra defensiva, o coaccionados con la fusta o con la bayoneta. Eran, en fin, la triste carne de cañón con que han alimentado sus sangrientas gulas insaciables los imperialistas de todos los tiempos.
     Y es de esta pobre carne de humanidad, convulsa de dolor y empapada de sangre y de llanto –hombres, mujeres y niños--, que, a guisa de reparación y de castigo, demandamos implacables la ruina total.

La postración de Francia

     Se argüirá que la postración de Francia ocasionada por la guerra exige estas mutilaciones y reparaciones por parte de su agresora Alemania… Convenido en que hay que salvar a Francia. No hay nación alguna por cuyo florecimiento nos preocupamos más. Basta tener un poco de cultura, basta haber hojeado un poco la historia en sus más culminantes, en sus más dramáticos momentos; basta sentir un poco de reverencia por las más alta conquistas del espíritu humano, para ver en Francia, no una nación cualquiera con más o menos población, sino una especie de maravillosa orquídea hecha de las más finas esencias y decantaciones del espíritu humano. ¿Quién que ame, quién que luche más allá del manduqueo cotidiano, no ve en ella algo delicadamente íntimo y grato al corazón como un aroma de hermana o de novia?...
     Pero, ¿es que para salvarla a ella hay que inmolar a Alemania? He aquí la cuestión. No hay que haberse tragado toda una biblioteca de Economía y Sociología para ver bien claro que hoy (no “ayer”, sino “hoy”), los intereses de los dos países vecinos están de tal suerte ligados, que es imposible darle una puñalada a Alemania sin abrirle a su vez tremenda herida a Francia y viceversa. ¿Le ata usted las manos a Alemania para que no salga a colocar sus artículos en el exterior? Pues paralizó usted ipsofacto la industria alemana y la llevó a la bancarrota y de la bancarrota al caos. Y de este caos, todo puede salir menos el dinero reparador de Francia. Antes, al contrario. Lo probable, lo cierto, es que del fuego, conmoción o descomposición de este caos le tocaría inmediatamente su parte –y no pequeña-- a Francia.
     Pero es –se me dirá—que Francia misma se vió cargada de una inmensa deuda que le impuso Bismarck, y no sólo pudo pagar sino que se repuso y se enriqueció. Muy bien. Pero veamos ahora si estamos en los mismos tiempos en que fue posible esa milagrosa restauración de la enferma Francia. ¿Son iguales las circunstancias? ¿Le es ahora posible a Alemania el ponerse a trabajar callada la boca, como hizo Francia, para pagarle hasta el último centavo a su vecina? Cualquiera sabe que no, que ha llovido mucho desde aquellos tiempos, y que si Francia contó entonces con sus legiones de trabajadores –labriegos, artesanos, jornaleros—que mansamente y frugalmente se consagraban a la diaria faena de seis a seis, ya no se puede, ni en Alemania ni en ninguna otra parte, repetir el milagro, sencillamente porque aquella legión de mansos y frugales trabajadores de entonces se ha evaporado ya. Para bien o para mal ( no discutamos eso ahora), aquellos excelentes hombres de faena han aprendido el camino de la huelga y del mitin, cuando no del motín, y así, la gota del sudor que antes le salía al patrono hacendoso por una bicoca –poco más, poco menos que la del caballo—ahora le sale al mismo buen patrono, cuando la consigue, por un ojo de la cara.
     Y como hay que apechugar con las cosas, malas o buenas, tales como están, y no como debieran estar, resulta claro como la luz que, o es falso todo cuanto nos dice el cable constantemente de la creciente agitación obrera en el mundo y especialmente en Europa, o es claro como la luz que, al prescindir en sus arreglos de tan notorios factores de la moderna economía mundial, los Supremos Arquitectos de la Paz han arado en el mar.





VOCABULARIO




  1.Rapante= Que roba o quita con violencia algo.

  2.A cencerros tapados= Callada y cautelosamente.

 3.Conciliábulos= Se dice de las reuniones, generalmente ilegítimas, para tratar de algo que se desea mantener oculto.

  4.Pompeyo, César y Craso= Cneo Pompeyo Magno, Cayo Julio César y Marco Licinio Craso formaron en Roma el Primer Triunvirato que duró desde el 60 a. C. hasta el 53 a. C.

  5.Antonio, Octavio y Lépido= Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido formaron en Roma el Segundo Triunvirato que duró desde el 43 a. C. hasta el 38 a. C.

  6.Granítico= Inquebrantable, firme, inalterable.

 7.Foch= Ferdinand Foch (1851-1929)= Mariscal de Campo francés, Comandante en jefe de los ejércitos Aliados durante la Primera Guerra Mundial.

  8.Furibundo= Fervoroso, apasionado, ardoroso.

  9.Saltó a la palestra= Se dice de una persona cuando toma parte activa en un asunto público.

10.Energumenismo= Modo de obrar muy exaltado, entusiasta, apasionado.

11.Catorce puntos de Wilson= Se conoce así el discurso pronunciado por el Presidente Woodrow Wllson el 8 de enero de 1918 ante el Congreso de los Estados Unidos con el propósito de presentar unos nuevos objetivos bélicos para los Aliados que pudiesen servir de base para negociaciones de paz con los Imperios Centrales.

12. Koltchack= Aleksandr Vasilievich Koltchack (1874-1920)= Militar ruso líder del movimiento antibolshevique que durante la Guerra Civil Rusa dirigió en Siberia un gobierno opuesto al de Lenín desde noviembre de 1918 a febrero de 1920.

13.Feudatarios= Súbditos, tributarios, vasallos.

14.Tamerlán= Timür-i lang (1336-1405)= Conquistador y líder militar turco-mongol.

15.Atila= (395-453)= Fue un poderoso caudillo de los hunos, confederación de  tribus euroasiáticas.

16.Domeña= Domina, constriñe, contiene.

17.Aspavientos= Se dice cuando se hace demostración exagerada de un sentimiento.

18.Brest-Litovsk= Se conoce como la Paz de Brest-Litovsk el tratado firmado el 3 de marzo de 1918 en esa ciudad bielorrusa entre los Imperios Centrales y la Rusia soviética.

19.Clemenceau= Georges Benjamin Clemenceau (1841-1929)= Médico, periodista y político francés que alcanzó el cargo de primer ministro de su país.

20.Lloyd George= David Lloyd George (1863-1945)= Primer ministro británico de 1916 a 1922.

21.Manduqueo= Coloquialismo despectivo --del latín vulgar "manducare", acción continuada de comer-- que refuerza el símil del "apetito insaciable" muy repetido a lo largo del artículo.

22.Ipso facto= Por el hecho mismo. Inmediatamente, en el acto.

23.Bismarck= Otto Eduard Leopold Von Bismarck-Schönhausen (1815-1898) Estadista, militar y político alemán.

24.Bicoca= Ganga= Se dice de las cosas apreciables que se adquieren a poca costa.

25.Apechugar= Afrontar, tolerar, sobrellevar.