Las Tajadas Territoriales
Artículo de 1919
No hay nación grande ni chiquita hoy que, a pesar del terrible escarmiento de la guerra, nacida precisamente de las ambiciones territoriales, no esté suspirando y porfiando por una tajada grande o chiquita del territorio de otra nación. Después de haber condenado en todos los términos el sueño alemán de ensanchar sus dominios a costa de otros pueblos, nos disponemos bonitamente todos, japoneses, australianos, belgas, franceses, italianos, etc., a cometer el msmísimo feo pecado que no hace media hora nos enardeció y nos coaligó contra Alemania. Este apetito por tajadas es el estorbo principal, si no el único que han tenido Wilson y los suyos para el coronamiento de la idea grandiosa el Pacto de la Paz Perpetua. Ante tal espectáculo parecería que fuéramos los pobresitos hombres de una imbecilidad o vesania incurable, si no fuera porque existe una razón que lo pone todo en claro. Esta razón no es otra que la del comercialismo que le sirve de base a nuestra sociedad actual. ¿Qué es lo que alega Bélgica contra Holanda, Italia contra Yugoslavia, Polonia contra Alemania, etc.? Una razón de índole puramente comercial. "Yo necesito --dicen-- ésta o la otra tajada, porque sin ella no se puede desarrollar mi comercio". ¿Lo veis? Por más vueltas que se le dé al asunto y por más eufemismos barnizantes que empleemos, siempre venimos a parar en lo mismo: a la eterna y universal razón del comercio. Se presta el caso para improvisar toda una cadena de lindos silogismos. Decir comercio es como decir necesidad de vender. Decir vender es como decir necesidad imprescindible de considerar el mundo --en todo o en parte-- como un probable mercado para nuestros artículos. Decir esto es como decir necesidad de expansión territorial.
Quien dice necesidad de expansión territorial dice disputas, choques inevitables con naciones rivales empujadas por la misma necesidad de expansión. Quien dice esto dice cabildeos y embrollos diplomáticos. Donde hay cabildeos y embrollos diplomáticos hay tarde o temprano que venir a las manos. Quien dice probabilidad de venir a las manos dice competencia de armamentos. Y quien dice esto último, dice... el demonio, la barbarie organizada y galoneada y dispuesta para volver a ensangrentar el mundo a la menor acasión. Y como hoy día toda la vieja estructura social de las naciones tiene por cimiento, y por esencia,, y por alma, el comercio, a tal punto que privar a un hombre de que venda su propiedad o su trabajo es como prohibirle que viva, y como lo que es verdad de cada hombre es más verdad todavía de cada nación, dicho se está que, una de dos: o nos quedamos con comercio y sin paz, como hasta ahora, o nos quedamos sin comercio y con paz. Pero como no hay ciego que no vea claro que el comercio es el cimiento y el alma de la actual estructura social es evidente... otra vez una de dos: o nos queamos con la actual estructura social, fuente del comercio, y conservamos su secresión natural que es la guerra, o nos resolvemos en serio y una vez por todas a arrancarle su cimiento secular a la actual estructura social : Ahora lo único que falta es preguntarnos: ¿qué es preferible, seguir viviendo como hasta ahora bajo la perenne amenaza de los gases asfixiantes y demás salvajadas de la guerra, o resolvernos todos a sudar el quilo en la reforma total -- (tiene que ser total porque ya hemos visto que el mal está en la misma raíz) -- de la estructura social? De la contestación -- sincera o no -- que a uno le inspire su visión, baja o alta, del problema del vivir moderno, depende hoy de que uno tome sitio en uno de los dos bandos que discuten en el mundo la única cuestión, la custión máxima, la cuestión de las cuestiones, que hoy divide a los hombres.
VOCABULARIO CONTEXTUAL
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